ENTREVISTA AL PERIODISTA Y ESCRITOR CARLOS SANTOS

 

 

CARLOS SANTOS: «EL PASADO SIEMPRE ESTÁ AHÍ, SOSTENIENDO EL PRESENTE. ES INÚTIL IGNORARLO Y ES IMPOSIBLE CAMBIARLO».

Hoy charlamos con el periodista y escritor Carlos Santos a propósito de su última novela publicada, Avión Club, editada por La Esfera, que salió a la venta el pasado mes de octubre y en cuya promoción se encuentra inmerso en la actualidad.

En Avión Club Carlos Santos evoca los años de la movida madrileña a través de una serie de personajes, algunos reales y otros inventados, todos ellos asiduos del legendario local del mismo nombre, que cerró sus puertas en abril de 1994.

En esta novela ha querido retratar, según sus propias palabras, «el fenómeno colectivo que representó la Transición de la dictadura a la democracia». Las crónicas e historias que la componen se suceden entre el golpe de Estado de 1981 y la inauguración de las Olimpiadas de Barcelona en 1992, siendo calificada por su autor como «una bar-movie con una voluntad de memoria colectiva y con buenas dosis de ironía y de autocrítica».

Nacido en San Cebrián de Castro, perteneciente a la provincia de Zamora, aparte de zamorano Carlos Santos se ha considerado siempre un poco de todos lados: almeriense por haber transcurrido allí gran parte de su infancia y adolescencia; barcelonés por haber realizado sus estudios de Ciencias de la Información y de Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Barcelona; extremeño forzoso, pero con gusto, por parte de esposa; y madrileño por llevar residiendo en el centro de la capital un buen puñado de años.

Él mismo se define en Twitter como «periodista, caminante, estudiante de música, amante de los amigos, el románico, los bares, cosas así».
Su currículum como periodista es muy amplio, abarcando desde los medios escritos hasta la televisión, pasando por la radio: ejerció como editor de Cambio 16, dirigió La Voz de Almería, fue cronista parlamentario para Diario 16, presentó informativos en Canal Sur Televisión, fue subdirector de Las Mañanas en Canal Sur Radio… En los últimos años se ha destacado su trabajo dentro de Radio Nacional de España, donde entró en 1999 como subdirector del magazín matinal, y en la cual ha participado desde entonces en diversos programas, como En días como hoy o Los clásicos, siendo actualmente el subdirector de No es un día cualquiera, el espacio de las mañanas de los fines de semana. También colabora como columnista en el diario 20 minutos.
Igualmente es conocido por su faceta de analista político, la cual ejerce semanalmente en programa Al rojo vivo, en La Sexta, y ocasionalmente en Al quite y No nos moverán, de Castilla- La Mancha Televisión.
Como escritor, ha publicado los libros Los Alcornocales, parque natural (2005), y Cabo de Gata, espléndida austeridad (2009), ambos junto al naturalista Joaquín Araújo; coordinó el estudio colectivo Almería 2005: la ilusión y los riesgos; publicó Guatemala. El silencio del gallo (2007, Editorial Debate) la vida de un misionero español en una comunidad maya; y, más recientemente, 333 Historias de la Transición, publicado en 2015 por La Esfera.

GRUPO TIERRA EDITORIAL. Queremos comenzar la entrevista con una pregunta muy personal, si nos la permites, por supuesto: ¿Es la libreta colorá un homenaje a la manteca colorá, manjar emblemático de una de tus tierras de adopción?

CARLOS SANTOS. La Libreta Colorá (es casi mi marca comercial, porque desde hace siglos hago en la radio una sección con ese título y así es como me llamo en tuitter, @lalibretacolora) no nació como homenaje pero sí nació en una ciudad donde se venera la manteca colorá: Sevilla. Yo apunto todo en libretas y las conservo desde que empecé a trabajar de periodista, pero la “Libreta Colorá ” la bautizamos con ese nombre justo el día que empecé a trabajar en la radio: el 1 de octubre de 1995 con Carlos Herrera, en Canal Sur.

GTE. Te hemos escuchado en varias ocasiones afirmar que «la historia son los cimientos del presente». En días como hoy, si me permites el guiño radiofónico, los cimientos parecen estar siendo removidos por algunas voces que ponen en cuestión la forma en que se fraguó la Transición. Como testigo privilegiado de aquel proceso, ¿qué piensas de las críticas y del revisionismo a los que se está sometiendo últimamente la Transición?

CS. El pasado siempre está ahí, sosteniendo el presente. Es inútil ignorarlo y es imposible cambiarlo, aunque a diario asistimos a intentos de revisionismo de la Historia, que siempre escriben los ganadores o los que creen que con esa revisión tienen algo que ganar. La Transición de la dictadura a la democracia fue como fue: el resultado de un esfuerzo colectivo en el que coincidieron personas que se habían dejado el pellejo en luchar contra una dictadura y otras que habían colaborado con la dictadura, pero eran lo suficientemente listas como para saber que no podía haber franquismo sin Franco. ¿El resultado? Una de las quince o veinte democracias más avanzadas de la tierra y una Constitución ancha, flexible y progresista, donde está el sello inequívoco de quienes se habían jugado la vida en defensa de la libertad. Aunque es evidente que necesita un repaso, en esto pienso como Anguita: lo primero que hay que hacer con esta Constitución es cumplirla.

GTE. Refiriéndonos ya a Avión Club, observamos que utilizas como técnica narrativa el contar el pasado desde un bar, como en su momento hicieran Pérez Galdós o Camilo José Cela. ¿Ha sido tu intención al escribir la novela realizar un homenaje a estos grandes escritores y a esta forma tan sugestiva de relatar hechos pasados? ¿O no fuiste consciente de ello mientras la elaborabas, y solo al finalizarla te diste cuenta de sus paralelismos, por ejemplo, con La Colmena?

CS. Sí… como dirían en el cine, me ha salido un bar movie. Lo de contar los 80 desde un bar, El Avión, con ayuda de su pianista, César Martínez, fue una ocurrencia ocasional; me desperté un día con la idea de ambientar esa historia en ese bar, que existió realmente y por el que, desde luego, pasó la historia de los 80. Pero una vez que tuve esa ocurrencia y se la conté a la editora, inmediatamente me acordé de Cela y de Galdós, que ya habían hecho cosas parecidas. Unas horas después estaba releyendo La Colmena, que es la mejor crónica novelada de la postguerra, y La Fontana de Oro, donde también se ambienta en un bar un periodo de la historia del XIX y donde Galdós, como en todas sus novelas, se muestra como un extraordinario cronista, un gran conocedor de la especie humana y un lúcido constructor de mecanismos narrativos. La invención de esos mecanismos, a medio camino entre la crónica histórica y la novela, se la atribuirán muchas décadas después novelistas americanos e incluso autores actuales de novela histórica o de eso que llaman metanovela. A mí, con Galdós ya me vale, como referencia, a la hora de contar la historia real con auxilio de la imaginación.

GTE. Aparte del Avión Club, ¿tenías algún otro bar o club favoritos en la época que narras en la novela? ¿Y de los actuales? ¿Cuál prefieres para sentarte a conversar, leer, escribir, o, simplemente, para ver pasar la vida y a quienes transitamos por ella?

C.S. Desde O Gato Negro, en Santiago de Compostela, hasta el bar de mi amigo Antonio en La Fabriquilla del Cabo de Gata; desde Boadas, junto a las ramblas de Barcelona, hasta Las Golondrinas de Triana, pasando por Casa Mariano, en El Barrio de las Letras de Madrid o el Oh,Galo, en Chueca, tengo docenas de bares favoritos sin los cuales mi vida no sería la misma. En eso soy irlandés: los bares no son locales donde se vende alcohol y comida: son lugares de encuentro donde se habla, se escucha, se vive; espacios de convivencia que forman parte de nuestro mejor patrimonio cultural. Sin bares y sin música seríamos menos felices y nos llevaríamos peor.

GTE. Queríamos saber si tus múltiples actividades, como periodista, locutor, analista político y escritor, te han ayudado a seleccionar mejor las historias incluidas en tus últimos libros, 333 historias de la transición y Avión Club.

CS. Por supuesto. 333 Historias es un ensayo atípico (se cuentan los 70 con escenas sueltas, aparentemente inconexas, que unas veces están protagonizadas por personajes muy conocidos y otras veces por ciudadanos anónimos, pero todas reales) y Avión Club es una novela atípica, donde la realidad pesa más que la ficción, pero tienen una cosa en común: en los dos casos son crónicas escritas por un periodista. Yo soy, sobre todo, eso: periodista. Vivo de contar lo que veo y lo que se. Y eso es lo que hago en los dos libros, aunque varíe sutilmente el formato, en ambos casos son trabajos hechos por un periodista, que usa como materia prima la realidad. Y se nota, creo. En 333 Historias de la Transición el porcentaje de ficción es 0.0 %. En Avión Club quizá no pase del 5%, lo suficiente para ensamblar los elementos reales con libertad, sin meterme en líos y sin meter en líos a nadie. Pero no se puede contar los 80 sin humo, sin noche, sin música y sin sudor y eso es lo que me llevó a contarlos en formato novela.

GTE. Finalizamos la entrevista con otra pregunta personal, de nuevo si nos la permites. Queríamos saber si César Martínez, el pianista de Avión Club, es el personaje que hubieras querido ser, en caso de que pudieras elegir uno. ¿Has intentado representar fielmente al personaje real, César Martínez, o le has inventado elementos de ficción para adaptarlo a las historias narradas en la novela? Puedes si lo deseas contarnos algún recuerdo o anécdota del César real que conserves en la memoria, de los tiempos en que lo frecuentaste.

CS. Entre los personajes de Avión Club, con quien me siento más identificado es con Julia Ferrer, que en la novela tiene los años que yo tenía en los 80, entre 20 y 30; es una persona joven que ha participado en el tránsito histórico que supuso la Transición y está empezando a disfrutar la libertad recién conquistada, con respeto a su propia historia pero con escepticismo creciente.

Con César, que tenía entonces los años que yo tengo ahora, más cerca de los 60 que de los 50, coincido en algunas cosas, sobre todo en su espíritu crítico, pero no, no quisiera ser como él. Me gustaría tocar el piano con la gracia con que él lo tocaba, pero yo soy mucho menos raro que César y mucho más sociable. Con uno y otro, y con casi todos los demás personajes de la novela, comparto una cosa: la alegría de vivir, a la que creo que no debemos renunciar en ninguna circunstancia. No hemos venido al mundo a sufrir.

Respecto a la veracidad de lo que cuento sobre César… Es cien por cien veraz lo que he desvelado sobre su peripecia personal y familiar: ese pianista de cabaré, que se pasó la vida tocando entre humos y cajas de cerveza, vivía en uno de los pisos más caros de Madrid, frente al Retiro, y su familia estaba vinculada a la familia real desde mediados del siglo XIX.

César llevaba la historia a cuestas y eso es mi principal descubrimiento al hacer este trabajo: que todos llevamos la historia escrita en la piel y que esa historia está también escrita en las paredes del lugar donde vivimos. En lo que he tenido que echar mano de la ficción es en la reconstrucción de su vida sentimental. Cesar era muy sonriente, pero muy solitario y muy poco dado a hablar de sus cosas. He intentado, en todo caso, que los elementos ficticios estén dentro del universo de lo posible e incluso de lo probable.

¿Una anécdota de Cesar? ¡Todas están en el libro! Como esa noche que sorprendió al personal desarrollando en unos folios, con fórmulas matemáticas, la teoría de la Relatividad de Einstein. Lo último que podías esperar de un pianista de cabaré. Y eso no me lo he inventado yo. Sucedió, tal cual. César, en realidad, era un gran personaje de novela.

Written by Alessandra Roma

Nací en Madrid, 1976. Cursé bachillerato con la opción de letras puras, estudiando  las asignaturas de griego, latín, literatura, historia y filosofía. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid,  he realizado diversos cursos relacionados con el Derecho Comunitario y la cooperación al desarrollo y poseo la titulación del Master en Acción Solidaria Internacional  de Europa, con las asignaturas de Acción Humanitaria, Cooperación al desarrollo y Extranjería, asilo y refugio. Mi nivel de inglés es alto y el de francés medio. He realizado cursos de idiomas en Montreal, Canadá, en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Verano de Montpellier, Francia. También realicé un curso sobre la historia y cultura de Ecuador en la Universidad Pontificia del Ecuador, en Quito. He colaborado con diversas ONG. Para CEAR, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, realicé informes de la situación de los derechos humanos en diversos países, y en la Comisión Hispano–Guatemalteca de Derechos Humanos elaboré un proyecto de ayuda al desarrollo. Mis aficiones incluyen la lectura, la escritura, el yoga y las actividades culturales en general, como acudir al teatro y a espectáculos musicales y visitar museos y exposiciones.  Entre mis intereses, se encuentran el medio ambiente, la problemática de género, el activismo social y político y todo lo relacionado con la defensa de los derechos humanos  y la protección de los menos favorecidos. Me considero ciudadana y paseante del mundo,  con gran sentido crítico, tolerante y de mente abierta.