JOSÉ LUIS SAMPEDRO, EL HUMANISTA INDIGNADO

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Mañana, día 1 de febrero, José Luis Sampedro habría cumplido 101 años. Es decir, que ya sería un centenario en toda regla, un centenario con pedigrí, y además con edad palíndroma.

Otro eminente escritor, Francisco Ayala, este sí que centenario por derecho propio, decía en el año 2007, recién alcanzada dicha cifra capicúa, «Soy un cómico que lleva años esperando a que se baje el telón, pero no termina de bajarse».

Para quien también bajó ayer el talón tras una larga, muy larga función, fue para el que estaba considerado el hombre más anciano del mundo, el extremeño Francisco Núñez Olivera, nacido en 1904.

Son pocas las personas que como Ayala y Núñez logran alcanzar una edad de tres cifras con las capacidades intelectuales y mentales de que gozaron hasta el último momento.

Sampedro se quedó a solo cuatro años de emularlos, falleciendo el 8 de abril de 2013, a los 96 años. Como los susodichos, también Sampedro disfrutó de una envidiable salud y de una asombrosa lucidez hasta el final de sus días; también resultaban sorprendentes la energía y vitalidad que desprendía en sus últimos años, durante los cuales militó como un indignado más dentro del movimiento del 15-M en Madrid, compartiendo asambleas, actos y manifestaciones con el mismo entusiasmo que los jóvenes que lo acompañaban.

Durante cuatro años estudié en un Instituto de Educación Secundaria que llevaba su nombre. Recibimos su visita en varias ocasiones, y en todas ellas nos asombró con su carismática personalidad y su extraordinaria inteligencia, que, junto a la humanidad y humildad que desprendía, lo hacían una persona única.

No se trataba de un sabio alejado del mundo, sino que nunca levantó los pies de la tierra y habló en favor de todos aquellos que no podían hacerlo por sí mismos, como los habitantes de los países en desarrollo. Sampedro nos hizo ver que para entender correctamente el subdesarrollo no basta con tomar en consideración variables sociales y políticas, porque el problema tiene raíces aún más profundas, que remiten al modelo de desarrollo dominante y al propio concepto de desarrollo en que se basa.

Ante que escritor y economista, me gusta recordar a Sampedro como un humanista en sentido puro, como un hombre preocupado por sus semejantes y por el mundo que le tocó vivir, como un activista comprometido con la sociedad con la que comparte destino.

Así lo queremos evocar desde el Grupo Tierra Editorial, como un hombre de gesto humano, un filósofo con los pies en la tierra y el corazón abierto hacia los desfavorecidos, un luchador de papel y pluma, un indignado cuya indignación no se transformó en rabia sino en lúcida reflexión.

Y, por supuesto, invitamos a nuestros lectores a disfrutar de uno de sus mayores talentos, el literario, que plasmó en inolvidables joyas como La sonrisa etrusca, La vieja Sirena o El río que nos lleva.

Vaya desde aquí nuestro humilde homenaje a un hombre que trató siempre de serlo y que se marchó como quien era, sereno y tranquilo, sin miedo a la muerte, sin molestar ni hacer ruido.

Written by Alessandra Roma

Nací en Madrid, 1976. Cursé bachillerato con la opción de letras puras, estudiando  las asignaturas de griego, latín, literatura, historia y filosofía. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid,  he realizado diversos cursos relacionados con el Derecho Comunitario y la cooperación al desarrollo y poseo la titulación del Master en Acción Solidaria Internacional  de Europa, con las asignaturas de Acción Humanitaria, Cooperación al desarrollo y Extranjería, asilo y refugio. Mi nivel de inglés es alto y el de francés medio. He realizado cursos de idiomas en Montreal, Canadá, en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Verano de Montpellier, Francia. También realicé un curso sobre la historia y cultura de Ecuador en la Universidad Pontificia del Ecuador, en Quito. He colaborado con diversas ONG. Para CEAR, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, realicé informes de la situación de los derechos humanos en diversos países, y en la Comisión Hispano–Guatemalteca de Derechos Humanos elaboré un proyecto de ayuda al desarrollo. Mis aficiones incluyen la lectura, la escritura, el yoga y las actividades culturales en general, como acudir al teatro y a espectáculos musicales y visitar museos y exposiciones.  Entre mis intereses, se encuentran el medio ambiente, la problemática de género, el activismo social y político y todo lo relacionado con la defensa de los derechos humanos  y la protección de los menos favorecidos. Me considero ciudadana y paseante del mundo,  con gran sentido crítico, tolerante y de mente abierta.