¿Se lee, o no se lee?, that is the question

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¿Se lee o no se lee?  Esta es la cuestión.

O quizás esta no sea la pregunta apropiada y debiéramos más bien preguntarnos qué se lee. Porque no hay más que acceder a un transporte público o entrar a cualquier sala de espera para darnos cuenta de que casi todo el mundo parece estar leyendo, cuando en realidad lo que la mayoría hace es simplemente deslizar la vista por la pantalla de su teléfono móvil, o, como mucho, ojear, o más bien hojear, el periódico gratuito que ha recibido de forma maquinal al entrar al metro.

Casi todos estaremos de acuerdo en que esto no es leer, sino solamente una manera de pasar el rato mientras llegamos al lugar de destino o esperamos a escuchar nuestro nombre en el consultorio médico.

Leer es otra cosa bien distinta. Para leer de verdad es necesaria una concentración que nuestro modo de vida actual, al menos para los que vivimos en la ciudad, nos dificulta obtener.

No es fácil prestar nuestra atención a la lectura de una novela o poemario cuando tenemos que dedicarla a no perder el equilibro en el autobús o en el metro, a esquivar a los amigos de lo ajeno, a no dejarnos el maletín, el bolso o el abrigo olvidados en el asiento del tren, o a no saltarnos la parada, por poner varios ejemplos.

No es fácil concentrarnos en un relato o ensayo cuando nos invaden la música estridente o la televisión a todo volumen del vecino, los pitidos de los coches en los atascos, las más diversas maquinarias urbanas imaginables, y demás perversidades de la vida en la ciudad.

No es fácil encontrar tiempo para proseguir aquella narración que nos mantuvo en vilo durante la tarde del domingo y que, como cenicienta al escuchar las doce campanadas, tuvimos que abandonar con pesar para cumplir religiosamente  con el ritual pre-laboral.

Así, no deben sorprendernos los resultados del estudio encargado por la  Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) sobre «Hábitos de lectura y compra de libros en España» durante el año 2017, según el cual solamente un 59,7% de la población mayor de 14 años lee libros en su tiempo libre, aunque es cierto que supone un incremento respecto a estudios anteriores.

Sobre todo ha aumentado la lectura en soporte digital, lo cual entiendo que está directamente relacionado con el modo de vida moderno al que me refería, de commuters, como dicen nuestros vecinos anglosajones, trabajadores y estudiantes que deben desplazarse a diario entre su lugar de residencia y el de trabajo, muchos de los cuales intentan aprovechar el tiempo de trayecto para dedicarlo a la lectura.

Son muchas las iniciativas públicas encaminadas a incentivar la lectura entre estos viajeros forzosos, como el Bibliometro y el Bibliored, ambos en el metro de Madrid, pero considero que también es obligación de las entidades privadas, e incluyo en ellas a las editoriales, el cooperar para que la lectura sea un hábito que arraigue en todas las comunidades que conforman nuestra sociedad.

En este artículo me estoy centrando en concreto en la población urbana trabajadora y estudiante, pero entiendo por supuesto que los proyectos deben abarcar todos los ámbitos económicos y sociales, incluyendo a los grupos de niños y adolescentes, a los jubilados, a los internos en hospitales, prisiones, residencias de ancianos y centros psiquiátricos, y, por supuesto, a las comunidades rurales, por muy reducidas que sean.

A todos y cada uno de los distintos colectivos de ciudadanos deben ser dirigidas las iniciativas de creación y fomento del hábito de la lectura, y así, esperanzadoramente, podremos celebrar que el siguiente estudio refleje que al menos tres tercios de la población lo hayan adquirido y mantenido a lo largo de su trayecto vital, y no sólo de su trayecto de casa al trabajo.

Written by Alessandra Roma

Nací en Madrid, 1976. Cursé bachillerato con la opción de letras puras, estudiando  las asignaturas de griego, latín, literatura, historia y filosofía. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid,  he realizado diversos cursos relacionados con el Derecho Comunitario y la cooperación al desarrollo y poseo la titulación del Master en Acción Solidaria Internacional  de Europa, con las asignaturas de Acción Humanitaria, Cooperación al desarrollo y Extranjería, asilo y refugio. Mi nivel de inglés es alto y el de francés medio. He realizado cursos de idiomas en Montreal, Canadá, en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Verano de Montpellier, Francia. También realicé un curso sobre la historia y cultura de Ecuador en la Universidad Pontificia del Ecuador, en Quito. He colaborado con diversas ONG. Para CEAR, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, realicé informes de la situación de los derechos humanos en diversos países, y en la Comisión Hispano–Guatemalteca de Derechos Humanos elaboré un proyecto de ayuda al desarrollo. Mis aficiones incluyen la lectura, la escritura, el yoga y las actividades culturales en general, como acudir al teatro y a espectáculos musicales y visitar museos y exposiciones.  Entre mis intereses, se encuentran el medio ambiente, la problemática de género, el activismo social y político y todo lo relacionado con la defensa de los derechos humanos  y la protección de los menos favorecidos. Me considero ciudadana y paseante del mundo,  con gran sentido crítico, tolerante y de mente abierta.