Ser mujer y no morir en el intento

 

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Mañana, 8 de marzo, recordamos un año más el sacrificio de las 146 mujeres que en 1908 murieron calcinadas dentro de la fábrica textil en la que trabajaban y en la cual se habían encerrado para reclamar mejoras salariales y de sus condiciones laborales, que consideraban infrahumanas.

110 años después, todavía son cientos, miles, casi podríamos decir cientos de miles, las mujeres que a lo largo y ancho del planeta son asesinadas por defender sus derechos, por ejercerlos o, simplemente, por ser mujeres.

Las voces y acciones de miles de periodistas, activistas, defensoras de los derechos humanos, sindicalistas, políticas, han sido acalladas mediante el asesinato, la tortura, la pena de muerte o la cárcel. La discriminación por razón de género continúa en cada país del mundo, incluyendo a los que se auto consideran los más desarrollados o avanzados socialmente. La brecha salarial, lejos de reducirse, se perpetúa. El reparto igualitario de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos está lejos de ser una realidad.

La frialdad de las cifras nos revela que una de cada tres mujeres es víctima de violencia física o sexual en el mundo. Estas mismas estadísticas nos informan de que 52 mujeres fueron asesinadas en España durante el pasado año solo por el hecho de serlo.

Pero además, hay otras formas de violencia ejercida contra ellas, como los matrimonios forzados, incluyendo el matrimonio infantil, la ablación genital, la violencia psicológica, la violencia doméstica, la violencia patrimonial y económica, y la violencia ejercida desde las instituciones públicas y el estado.

Muchos de estos comportamientos hacia la mujer son llamados microviolencia, por pasar más desapercibidos, por ejercerse de forma más disimulada o porque no se habla abiertamente de ellos. Ya simplemente la utilización de esta denominación les resta la importancia que debieran tener. Muchas de estas actitudes y conductas se han vuelto recurrentes, y tácitamente se han convertido en comportamientos sociales aceptados, siendo considerados como naturales. Es contra estos micromachismos y microviolencia que debemos estar prevenidos, siendo el primer paso detectarlos para poder erradicarlos de nuestro mundo.

Desde el Grupo Tierra Trivium trabajamos con plena conciencia para desterrar estas prácticas y conductas tan arraigadas en nuestra sociedad y en nuestro estilo de vida. A través de nuestros manifiestos, de nuestros artículos, y, sobre todo, de nuestra labor diaria, nos esforzamos en conseguir un ambiente igualitario en el que todos, hombres y mujeres, compartamos las mismas tareas, los mismos salarios, las mismas obligaciones y los mismos derechos. Esto es ser feminista: tomar conciencia de que las mujeres somos tan importantes como los hombres y que, por tanto, debemos estar sujetas a sus mismas obligaciones y disfrutar de sus mismos derechos.

El objetivo que perseguimos es alcanzar la plena igualdad entre ambos sexos, y desde el Grupo Tierra Trivium ponemos cada día una piedra más en el camino para conseguirlo.

Cuando todo dé igual, si un Presidente del Gobierno es hombre o mujer, cuando no existan premios diferenciados a actores o actrices sino solamente a intérpretes, cuando los libros de historia y de literatura incluyan también en sus textos a las mujeres exploradoras, científicas, escritoras, políticas, estrategas o economistas; solo cuando dé exactamente igual si una persona en concreto es hombre o mujer, solo entonces habremos alcanzado la verdadera igualdad entre los dos géneros.

Written by María Morales

Nací en Madrid, 1976. Cursé bachillerato con la opción de letras puras, estudiando  las asignaturas de griego, latín, literatura, historia y filosofía. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid,  he realizado diversos cursos relacionados con el Derecho Comunitario y la cooperación al desarrollo y poseo la titulación del Master en Acción Solidaria Internacional  de Europa, con las asignaturas de Acción Humanitaria, Cooperación al desarrollo y Extranjería, asilo y refugio. Mi nivel de inglés es alto y el de francés medio. He realizado cursos de idiomas en Montreal, Canadá, en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Verano de Montpellier, Francia. También realicé un curso sobre la historia y cultura de Ecuador en la Universidad Pontificia del Ecuador, en Quito. He colaborado con diversas ONG. Para CEAR, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, realicé informes de la situación de los derechos humanos en diversos países, y en la Comisión Hispano–Guatemalteca de Derechos Humanos elaboré un proyecto de ayuda al desarrollo. Mis aficiones incluyen la lectura, la escritura, el yoga y las actividades culturales en general, como acudir al teatro y a espectáculos musicales y visitar museos y exposiciones.  Entre mis intereses, se encuentran el medio ambiente, la problemática de género, el activismo social y político y todo lo relacionado con la defensa de los derechos humanos  y la protección de los menos favorecidos. Me considero ciudadana y paseante del mundo,  con gran sentido crítico, tolerante y de mente abierta.

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