La importancia de no callar nada

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Es el humorista paradójico. Fernando Moraño, a pesar de lucir gran melena, no tiene pelos en la lengua en ninguno de sus shows.  Un humor crítico, lleno de ironía social, llena la escena cada vez que sostiene un micrófono. No se queda  a medias en el simple chascarrillo, auténticos golpes de realidad con granada de sarcasmo son lanzados contra el público que se mueve entre la reflexión y la carcajada.

Si a eso le añadimos un toque de surrealismo, tenemos el cóctel explosivo que nos sirve con gran habilidad Moraño. Nacionalismos, Dogmas, Bancos, son dianas contra las que  este cómico nacido en Barcelona dispara con la efectividad de los grandes promotores del pensamiento crítico, usando la comedia, de este país.

Podríamos decir que es el humorista periodista.  Ya que ver los monólogos  de Fernando Moraño es presenciar las crónicas de un país que perdió el norte hace tiempo.

Reiremos, pero al mismo tiempo maldeciremos que no mienta en sus críticas. Ante la cruel verdad actual , España hace tiempo que no está bien , hay que agradecer a Moraño que igual que un gran chef , pille unos ingredientes tan desagradables y nos prepare un menú estrella Michelín.

No deja indiferente y nunca se le ve venir. Previsible no entra en su estilo, es de agradecer en el mundo de la comedia española que haya guionistas con semejantes características subiéndose a un escenario.  Hay lugar para el mero entretenimiento, eso no se duda. Y es un gran logro tener al publico riendo y disfrutando en su asiento. Si a esa función le unimos el pensar, tenemos un espectáculo redondo.  El presente lo exige.

Así, tenemos un show con doble función. De un lado, el humor. La sátira como altavoz  contra grandes gigantes que como Quijotes deberemos derribar. De otro, el que no seamos los mismos que cuando nos sentamos a observar al artista que está en escena. Nos hará reír de temas que, desgraciadamente, no tienen ni puta gracia. Este es el gran legado de Fernando Moraño.

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