18 de julio, San Federico

Hoy, 18 de julio, se celebra la onomástica de los Federicos. Su origen se encuentra en la trágica muerte del obispo San Federico de Utrecht, el 18 de julio del año 838; mientras celebraba una misa de Acción de Gracias tras una visita pastoral en su diócesis, entraron en la iglesia dos hombres que lo asesinaron. Nunca se averiguó qué motivos los condujeron al crimen o si alguien se lo había encargado.

romance

Podemos encontrar cierto paralelismo entre la muerte de San Federico de Utrecht y otro histórico Federico, el apellidado García Lorca. Hoy, 18 de julio, es también el aniversario del levantamiento golpista de 1936, uno de los hechos que desencadenó el asesinato del poeta. Y esa fue además la fecha de la última carta que escribió de la que se tiene constancia, dirigida a su último amor, «El rubio de Albacete», un joven estudiante de 19 años, protagonista del Romance del mismo nombre, dentro de sus Sonetos del amor oscuro, poemas de los que actualmente se le considera, por parte de los expertos, principal inspirador: «Aquel rubio de Albacete / vino, madre, y me miró. / ¡No lo puedo mirar yo! / Aquel rubio de los trigos / hijo de la verde aurora, / alto, solo y sin amigos / pisó mi calle a deshora. / La noche se tiñe y dora / de un delicado fulgor / ¡No lo puedo mirar yo! / Aquel lindo de cintura / sentí galán sin…/ sembró por mi noche obscura / su amarillo jazminero / tanto me quiere y le quiero / que mis ojos se llevó. / ¡No lo puedo mirar yo! / Aquel joven de la Mancha / vino, madre, y me miró. / ¡No lo puedo mirar yo!».

Solo unos días antes, el 13 de julio, Federico se había despedido de Juan Ramírez de Lucas, su «rubio de Albacete» en la estación de Atocha, donde tomó el tren que lo llevaría a Granada para no volver, con las palabras «No llores, dos meses pasan pronto». Sería así Ramírez de Lucas la última persona que vio vivo a García Lorca en Madrid, lo cual ha salido a la luz solamente tras su muerte, en 2010, al abrir su familia una caja que había entregado en custodia a una de sus hermanas, y en la cual encontraron la carta enviada por García Lorca el 18 de julio de 1936 junto a las memorias de su relación, que Ramírez de Lucas escribió 60 años después, en el mes de septiembre de 1996. En su manuscrito se pueden leer las emotivas palabras con las que recordaba la despedida del poeta en la estación de Atocha: «Suena el silbato de partida y no pude evitar el llanto por la tristeza que me producía su marcha. No llores, dos meses pasan pronto. Dos meses que nunca han pasado, que siguen presentes como en aquel instante decisivo, dos meses clavados en lo más profundo de mi alma y que nunca, nunca pasarán. Dos meses, estas fueron sus últimas palabras. Dos meses que ya se han convertido en 864 meses de recuerdo incesante, guardado en lo más profundo de mi existencia y para el que no ha existido ni un solo día de olvido».

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Aunque pueda parecer increíble, Ramírez de Lucas mantuvo este recuerdo en secreto a lo largo de su dilatada vida; no quiso nunca sacar provecho económico, social ni profesional a costa de la relación de casi dos años mantenida con Lorca. Solamente su hermano mayor, Otoniel, que también estudiaba en Madrid en aquella época, estaba al tanto, así como Luis Rosales, gracias al cual entró a trabajar en el periódico ABC, en el que ejerció durante toda su vida con gran éxito como crítico de arte y arquitectura.

Se ha sabido también recientemente de los planes de ambos para marcharse juntos a México, de la mano de la actriz y amiga íntima de García Lorca Margarita Xirgu, a la vista la convulsa situación prebélica que vivía España, planes que se vieron truncados por la oposición del padre de Juan, que montó en cólera al conocerlos y se negó a otorgar su consentimiento, necesario para que su hijo, menor de edad en aquella época, pudiera salir del país. La realidad se impuso sobre el deseo, como diría Luis Cernuda, e impidió que ambos volvieran a verse. A juzgar por sus memorias, Juan Ramírez de Lucas jamás olvidó a Lorca y mantuvo vivo su amor a través de las décadas de su longeva vida, guardándolo en secreto hasta su muerte.

Tras descubrir el manuscrito, sus herederos se pusieron en contacto con algunas editoriales y con la Fundación García Lorca al objeto de expresar su deseo de que fuera publicado, y finalmente fue la Diputación de Granada la que se interesó por él, recabando su consentimiento de publicación por escrito. En la actualidad estamos a la espera de que la voluntad de Juan Ramírez se vea completamente realizada, plasmándose en la publicación de estas memorias, a las que tanto lectores como investigadores podamos tener acceso.

amores oscuros

Mientras este deseo se convierte en realidad, podemos leer la recreación que el escritor Manuel Francisco Reina realizó de su romance en la novela Los amores oscuros, publicada en 2012, para la que se ayudó de documentación extraída de la prensa de la época. La obra arranca con esta frase de Juan Ramírez de Lucas: «Yo fui el último amor de Lorca, y tal vez, la razón de su muerte», en la que Manuel Francisco Reina ha encontrado por fin la respuesta a la histórica pregunta de por qué Lorca no emigró a México cuando era consciente de que estaba siendo perseguido y todo el mundo le recomendaba marcharse. Un enigma más de la vida del gran poeta andaluz que ha logrado ser resuelto. Esperemos que el de su muerte, esto es, el lugar donde descansan sus restos, sea también pronto desvelado.