El error es la vida: Los lúcidos bordes del abismo.

Panero1Hoy en Tierra a la vista nos acercamos a una de las familias más conocidas, aunque, no por ello, mejor comprendidas, de la historia de la literatura española del siglo XX. Hace dos días, el 27 de agosto, se cumplieron 56 años de la muerte de su patriarca, Leopoldo Panero Torbado, encuadrado, junto a otros poetas como Miguel Hernández y Luis Rosales, dentro de la conocida como Generación del 36.  Nacido en Astorga en 1909, la primera desgracia de la saga familiar tuvo lugar muy pronto, cuando en 1937 murió su hermano Juan, también poeta, en un accidente de automóvil, suceso que le afectó profundamente, transformando su ideología en conservadora, hasta el punto de afiliarse durante la Guerra Civil a Falange Española. Solo unos meses antes, en octubre de 1936, había sido encarcelado, acusado de recaudar fondos para Socorro Rojo (en Astorga era sobradamente conocida su afinidad republicana), y fue solo gracias a la mediación de Carmen Polo, esposa de Francisco Franco, y que era prima de su madre, que pudo ser liberado un mes después.

Finalizada la Guerra, Leopoldo Panero se traslada a Madrid, donde vivirá desde 1940 junto a sus hermanas en un piso alquilado por sus padres e iniciará su relación amorosa con Felicidad Blanc, una chica «bien» del barrio de Salamanca, con quien contraerá matrimonio en mayo de 1941. La pareja se traslada junto con su primogénito, Juan Luis, a Reino Unido, ya que Panero ha sido designado para dirigir el Instituto de España (hoy Instituto Cervantes) en Londres. Uno de los propósitos de Leopoldo era un acercamiento a los exiliados españoles que residían allí, y en especial sentía gran interés por conocer a Luis Cernuda, de cuya poesía era gran admirador, y que muy pronto se convirtió en gran amigo del matrimonio, sobre todo de Felicidad, con quien mantuvo una relación muy cercana, hasta el punto de que ella se irá prendando de Cernuda hasta llegar al enamoramiento, amor que confesó a su esposo años después, ya de vuelta en Madrid, provocando que se agrandara el distanciamiento entre ambos que ya había comenzado durante su estancia en Londres. De hecho, durante las largas ausencias de Leopoldo Panero, a causa de viajes oficiales, Felicidad y sus dos hijos (ya había nacido para entonces el segundo, Leopoldo María) se trasladaron a vivir con sus padres al palacete donde residían. Continuó carteándose con Luis Cernuda, mientras su esposo cada vez se refugiaba más en sus amigos y el alcohol, el cual le provocaba cada vez más violentas reacciones. Aún así en esa época nació un tercer niño más, José Moisés, «Michi».

El 27 de agosto de 1962 Leopoldo Panero murió en su casa de Castrillo de las Piedras, a la temprana edad de 52 años, tras sufrir una angina de pecho mientras regresaba en su coche. Poco más de un año después, Felicidad sufrió un nuevo golpe al recibir la trágica noticia de la muerte de Luis Cernuda en México, por infarto de miocardio.

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Desde entonces, Felicidad se volcó en su tres hijos, de los cuales Juan Luis y Leopoldo María se dedicaron también a la poesía y Michi vivió como intelectual y diletante, conocido tanto por su faceta de dandy y noctámbulo como por su trabajo de columnista en varios periódicos y de empresario de uno de los bares emblemáticos de la Movida madrileña. Finalmente, abandonado por casi todos (perdió su empleo de columnista y tuvo que dejar su casa; unas amigas le proporcionaron un pequeño apartamento en el que vivió hasta su muerte) y claramente avejentado por una serie de enfermedades crónicas y por la factura pasada por su intensa vida nocturna, Michi murió también de cáncer en 2004, a la misma edad que su padre, 52 años.

Michi fue solo un intento de escritor, ya que se lo conoce como ejemplo de escritor sin obra y autor de relatos no publicados. En cambio sus dos hermanos sí se forjaron cierta fama como poetas. Su hermano mayor, Juan Luis, que también trabajó como editor y como crítico literario y viajó por todo el mundo residiendo en diferentes países, cosechó numerosos premios a lo largo de su fructífera carrera literaria. El más conocido de los tres, Leopoldo María, uno de los escritores españoles «malditos» del siglo XX y encuadrado en el grupo poético de los Novísimos, vivió durante más de 40 años en varios centros psiquiátrico, a causa de la esquizofrenia que le fue diagnosticada con 17 años, enfermedad que también había padecido una de las hermanas de su madre. De joven  se sintió fascinado por la izquierda radical, y su militancia antifranquista le condujo a uno de sus primeros reveses, una estancia en la cárcel. De aquellos años jóvenes datan también sus primeras experiencias con las drogas, desde el alcohol hasta la heroína, pasando por todo tipo de sustancias. En los años 70 fue ingresado por primera vez en un psiquiátrico. Las repetidas reclusiones no le impidieron desarrollar una copiosa producción no solo como poeta, sino también como traductor, ensayista y narrador. A finales de los años 80, al mismo tiempo que su obra obtenía el reconocimiento de la crítica, ingresó permanentemente en el psiquiátrico de Mondragón, y su madre confesó después haber tenido que buscar y comprar la droga que le demandaba en los lugares marginales de la zona. Finalmente se estableció, por propia voluntad, en la unidad psiquiátrica de Las Palmas de Gran Canaria, donde falleció en 2014. Para entonces, sus únicas adicciones eran fumar y la Coca-Cola, que bebía compulsivamente. El poeta Luis Antonio de Villena, que lo conoció muy bien, explica que «para él, la escritura era una terapia, una tabla de salvamento de sus ideas suicidas, y su estancias en los centros le estabilizó, aunque no le ayudó a mejorar. Escribía mucho y se repetía mucho sin que luego depurase su obra, pero también componía poemas de gran altura».

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Los miembros de la familia se despedazaron unos a otros, sacando todos sus trapos sucios, en la película El desencanto, especie de documental protagonizado por ellos y dirigido por Jaime Chávarri y estrenado en 1976, que tuvo una especie de continuación en 1994 con el también documental Después de tantos años, de Ricardo Franco, aunque para entonces Felicidad ya había fallecido, en 1990. En opinión de Luis Antonio de Villena, que a finales de 2014 publicó el ensayo Los lúcidos bordes del abismo, sobre sus recuerdos y vivencias con la familia, de la que fue amigo personal, los Panero siguen despertando el interés de la gente por «el hecho insólito en España de que hablasen tan claramente de ellos mismo, de contar las verdades». El poeta y ensayista solo se ha decidido a contar sus verdades sobre la familia tras morir el último de sus miembros, su gran amigo Leopoldo María. Con él terminó la saga familiar, ya que ninguno de los hermanos tuvo descendencia. La tesis que subyace en su obra es que es la teoría de la destrucción la que explica el devenir trágico de la familia Panero. De Villena explica que «por encima de anécdotas que se vuelven categoría, creo que lo más novedoso del libro no es el horror hacia la familia franquista o hacia el padre, sino su búsqueda de la total destrucción. Su horror a la vida». […] «El mito de los Panero empieza primero contra su padre, luego los hijos se volvieron contra la madre, pero en realidad su mito fue contra la vida. El error es la vida».

Desde el Grupo Tierra Trivium recomendamos tanto visionar los dos documentales mencionados, El desencanto y Después de tantos añoscomo leer el ensayo Los lúcidos bordes del abismo para ahondar en el conocimiento de estos seres humanos tan extraordinarios, a veces extravagantes, a veces grotescos, pero siempre atractivos y sorprendentes, que formaron la familia Panero, y las complejas relaciones que se establecieron entre ellos: los hijos con su padre, la madre con sus hijos, los padres entre sí… y, tal vez, para llegar a comprenderlos, aunque solo sea vagamente y desde nuestra visión de «personas racionales con los pies en la tierra», característica que, dicho sea de paso, no se podría aplicar a ninguno de los miembros de la estirpe de los Panero.

 

Written by María Morales

Nací en Madrid, 1976. Cursé bachillerato con la opción de letras puras, estudiando  las asignaturas de griego, latín, literatura, historia y filosofía. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid,  he realizado diversos cursos relacionados con el Derecho Comunitario y la cooperación al desarrollo y poseo la titulación del Master en Acción Solidaria Internacional  de Europa, con las asignaturas de Acción Humanitaria, Cooperación al desarrollo y Extranjería, asilo y refugio. Mi nivel de inglés es alto y el de francés medio. He realizado cursos de idiomas en Montreal, Canadá, en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Verano de Montpellier, Francia. También realicé un curso sobre la historia y cultura de Ecuador en la Universidad Pontificia del Ecuador, en Quito. He colaborado con diversas ONG. Para CEAR, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, realicé informes de la situación de los derechos humanos en diversos países, y en la Comisión Hispano–Guatemalteca de Derechos Humanos elaboré un proyecto de ayuda al desarrollo. Mis aficiones incluyen la lectura, la escritura, el yoga y las actividades culturales en general, como acudir al teatro y a espectáculos musicales y visitar museos y exposiciones.  Entre mis intereses, se encuentran el medio ambiente, la problemática de género, el activismo social y político y todo lo relacionado con la defensa de los derechos humanos  y la protección de los menos favorecidos. Me considero ciudadana y paseante del mundo,  con gran sentido crítico, tolerante y de mente abierta.

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