Entrevista al autor inglés Philip Hoare por su último libro, «El alma del mar».

foto-hoare-4055634903-1541180980489.jpgPhilip Hoare nos recibe en la cafetería de un céntrico hotel madrileño, donde se encuentra descansando tras su participación en la primera edición del Festival Liternatura, celebrado el pasado fin de semana en Barcelona con gran éxito de afluencia de público y unas muy propicias condiciones climáticas. Luce su habitual imagen marinera: camiseta a rayas azules y blancas, pantalón corto y chanclas. No en vano Hoare habita en un lugar tan marinero como Southampton, ciudad portuaria de la costa sur de Inglaterra cuyo puerto es uno de los principales del país y conocido mundialmente por haber sido punto de partida del primer y último viaje del Titanic.

Hoare nos cuenta que está acostumbrado a nadar todos los días en su mar, antes del amanecer, y nos confiesa que hoy, en Madrid, tan lejos del mar, se ha visto obligado a buscar un sustituto, que, por motivos que no desvelaremos, no nos es posible revelar a nuestros lectores, y que mantendremos en silencio como parte de nuestro «secreto profesional».

Esta tarde (22 de octubre) presenta en la librería Alberti de Madrid su nueva obra,  publicada en España por la editorial Ático de los Libros con el título El alma del mar, acompañado del escritor y periodista Jesús Marchamalo.

Hoare es un tipo simpático, espontáneo, muy natural, que me pide que lo tutee y no deja de sonreír en todo momento, incluso cuando mi llegada interrumpe su almuerzo y lo pospone durante casi 30 minutos.

Philip, acabas de llegar del Festival Liternatura de Barcelona. ¿Cómo valoras la experiencia? Siendo como eres un ecologista y conservacionista, entiendo que ha debido de ser una experiencia fantástica, junto a la naturaleza y la fauna marina.

Fue maravilloso; como estaba en Barcelona pude nadar todas las mañanas en el mar, lo cual es muy importante para mí, y estuvimos en la montaña, donde tuvieron lugar los actos del Festival, en un escenario precioso inundado por el canto de los pájaros. Mi conferencia tuvo lugar al atardecer, rodeado de artistas, mientras uno de ellos dibujaba un mural con diversas escenas marinas. Tuvimos una maravillosa presentación, y un estupendo actor leyó mis palabras en español, lo cual fue fantástico. El ambiente era muy agradable, con muchas familias, con niños jugando. Les conté historias sobre mis experiencias con ballenas en el mar para inspirarles, o eso espero. Mientras hablaba, los perros corrían alrededor… fue estupendo. Para mí, creo que esta es la forma en la que debemos acercarnos a estos temas, en comunidad. Escribo artículos para el periódico The Guardian sobre lo que pienso que no va bien en el mundo, especialmente en relación con el medio ambiente marino, pero pienso que la gente no quiere sermones todo el tiempo, sino que prefieren que se les demuestre que el mundo sigue siendo un lugar hermoso, lleno de cosas increíbles. En relación a mis artículos no me considero a mí mismo como un polemista, ni un educador, ni un activista. Intento que la gente conozca el medio ambiente marino, lo respete y aprenda a cuidarlo.

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Fotografía cortesía de Philip Hoare

En relación con el mural al que has hecho referencia, fue el artista Vorja Sánchez quien lo realizó al mismo tiempo que tú leías fragmentos de tu anterior libro, El mar interior. Por lo que he podido ver en fotografías, Vorja pintó diversos animales marinos, como pulpos, ballenas… mientras leías tu libro en alto. ¿Cómo te sentiste? Entiendo que debió de ser un momento muy emocionante.

Al principio estaba preocupado, porque me sentía responsable de cómo otra persona iba a interpretar mi trabajo… él tiene, ya sabes, su propia imaginación. Pero todo salió perfecto, porque Vorja tiene un estilo extraordinario, una manera de pintar que me recuerda a El Bosco en su Jardín de las Delicias.

Y se puso a ello… su imaginación fue maravillosa y a la vez extraña… figuras extrañas con formas cambiantes… lo que él dibujó es realmente la forma en que yo percibo el mar. También dibujó seres humanos… imagínate, que deben cambiar de figura también, sobre todo cuando quieren convertirse en un delfín o una ballena o una foca… imágenes de seres humanos que permanecen anclados a la tierra y se deslizan hacia el agua, que se expanden y se hacen dinámicos y son capaces moverse dentro de ella. Y eso, para mí, es muy bello.

¿Era la primera vez que coincidías con Vorja, o ya le habías conocido anteriormente? Después de esta preciosa experiencia, supongo que os habréis convertido en amigos para siempre.

Eso espero (risas). Estaban sus amigos por allí y escuché que les decía: «Es un buen tipo» (más risas). Y eso me gustó, me gustó mucho.

Sé que esta no es tu primera visita a España. ¿Cuál es tu relación con España y, especialmente, con Madrid?

Madrid es para mí un lugar muy histórico, tiene realmente mucha historia. Tiene un extraordinario pasado imperial, cuando era el estado más importante del mundo. Su imperio era por entonces el más extraordinario de todos y tenía vínculos con todos los territorios del mundo.

Es por eso que encuentro el Museo del Prado tan fascinante. Esta tarde voy a volver al Prado, que tiene algunas de las mejores obras de arte del mundo: Goya, Vélazquez, El Bosco, Alberto Durero, que me está interesando mucho últimamente… En estos tiempos en que hemos tenido ese estúpido referéndum en el Reino Unido, que decidió que vamos a separarnos de Europa, creo que es muy importante remarcar nuestros vínculos culturales, y yo no quiero perderlos, eso es algo que me importa mucho.

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Fotografía cortesía de Philip Hoare

¿Eres capaz de sentirte cómodo en un ambiente seco como el de Madrid, tan diferente al de la costa donde resides?

Me resulta muy difícil. Echo de menos el mar y poder nadar en él. Me siento asfixiado y claustrofóbico, con la necesidad de estar en el mar.

¿Eres capaz de cambiar el mar por una piscina cuando te encuentras lejos?

Me gusta el agua natural, es a lo que estoy acostumbrado. Fui ayer al lago de la Casa de Campo, pero me encontré con que está seco… (risas). Así que tuve que buscar otro lugar (que no desvelaremos)… (más risas).

Continuando con el tema del mar, tengo la sospecha de que hubieras sido otra persona de no haber nacido junto al mar, que hubieras tenido otra vida diferente, otra personalidad, otra manera de escribir.

No sé cómo sería en ese caso. Nací junto al mar, y de hecho casi nací bajo al agua, en un submarino. Mi padre llevó a mi madre a visitar un submarino que estaba atracado en el muelle cuando estaba embarazada de mí, y estuvo a punto de dar a luz allí mismo, bajo el agua. Además he sabido que fui concebido junto al mar, cuando mis padres estaban de vacaciones. Sin embargo, siempre me dio mucho miedo nadar, el mar me asustaba, y no aprendí a nadar hasta cerca de los treinta años.

Sí, quedé muy sorprendida al enterarme de que aprendiste a nadar muy tarde. ¿Cómo recuerdas aquella primera experiencia?

Me encontraba viviendo por aquella época en la parte Este de Londres, casi tan lejos del mar como Madrid, y un día me di cuenta de que necesitaba desafiarme a mí mismo. Entonces me acerqué a una piscina del centro de Londres, en un enorme y antiguo edificio de estilo eduardiano, y una señora mayor me dijo lo que debía hacer. Me indicó cómo posar mi rostro sobre el agua para romper la piel del océano, la piel del mar, y eso que se trataba de una piscina. Desde entonces la bendigo todos los días, porque me enseñó cómo a hacerme amigo del mar; no, quizás no a hacerme amigo del mar, porque al mar le tienes sin cuidado, sino a cómo llegar a un pacto con él.

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Fotografía de El País

Has escrito: «cada vez que nadas es una pequeña muerte, pero es también un recordatorio de que estás vivo». Esta frase es muy profunda, pero me gustaría saber si alguna vez has sentido que estabas en peligro real mientras nadabas, aparte del incidente con aquella ballena que has relatado tantas veces.

Sí, me siento en peligro cada día en el mar. Sentir miedo forma parte de la emoción, de la recarga de energía. Todos los días me baño en la oscuridad, a las cuatro de la madrugada, y todos los días significa todos los días. Me asusta, y al mismo tiempo no quiero tener cuidado, quiero sentirme libre, pero yo he estado en el mar cuando me ha llevado hacia dentro, cuando me ha volteado 360 grados, cuando casi me ha ahogado o cuando me ha arrastrado fuera, hacia la orilla. Y he estado en riesgo en todas esas ocasiones, y en dos de ellas pensé que no iba a poder salvarme.

¿Te bañas entonces todos los días del año en el mar, en Southampton? Supongo que el agua debe de estar muy fría allí, sobre todo en invierno.

Sí, nado todos los días en el mar en Southampton. El agua está muy fría, pero estoy acostumbrado, y además nado sin ninguna ropa, porque la idea es fundirme con el mar y formar parte de la naturaleza.

el alma del marAcerca de tu nuevo libro, Rising tide, falling star, titulado en España El alma del mar, nos gustaría saber cómo ha sido el proceso de estudio y documentación, sobre todo en cuanto a la investigación histórica. Supongo que te habrá llevado mucho tiempo, tal vez años.

Sí, tardé tres o cuatro años en escribirlo, porque para mí ha sido un gran largo viaje. Es como cuando estás en la playa y recoges conchas, piedras… y luego las coleccionas; así hago yo con las historias… He llegado a ser, soy muy obsesivo en estas circunstancias, soy como un perro: huelo algo, y entonces tengo que seguir el rastro, y no puedes detenerme… Para mí no es un trabajo, y no me parece difícil. Lo que sí encuentro difícil es parar; ese es mi mayor problema, dejar de buscar información y dejar de escribir.

¿Recuerdas el momento en que te llegó la primera idea sobre este libro?

No, nunca recuerdo ese primer momento, porque es un largo proceso. Quizás recuerdes la primera vez que te metiste en el mar, pero esto es diferente… es como cuando te enamoras… no piensas… ohhh… me acabo de enamorar… es algo que luego llega con el tiempo, pero no es un momento determinado en el que dices: «oh, te quiero»… Se trata de un proceso de empatía… El libro es una nueva manera para mí de expresar lo que siento sobre el mar. Lo amo, pero también lo temo…

Es una extraña relación de amor y…

Sí, de amor y odio… no, no de odio… de amor y miedo… Creo que todos tenemos esta relación con el mar, creo que todos pensamos, siendo honestos, que es un lugar aterrador. Es una de las cosas más hermosas del planeta, pero al mismo tiempo es una de las más terribles, porque te puede te arrancar la vida muy fácilmente; puedes morir muy fácilmente en el mar.

¿Practicas alguna clase de deporte relacionado con el mar?

No creo en los deportes, pienso que son una pérdida de tiempo. Para mí, de lo que se trata es de conquistar el mar, de imprimir tu huella sobre él. Lo que pretendo es ser parte de él, quiero estar allí, ver lo que está sucediendo, participar de su ambiente… pero no conquistarlo en plan macho man, eso no me interesa en absoluto. Prefiero ver lo que está sucediendo, pensar como si yo fuera uno más de ese mundo de las aves, las ballenas, las focas… La mayor parte de la historia de la humanidad va de cómo el hombre trata de conquistar cosas: los ingleses conquistando el mundo, los españoles conquistando el mundo… Normalmente lo hicieron a través del mar, pero no me gusta esa idea de imponer nuestro mundo sobre el mar. Yo quiero que el mar me invite. Y me gustaría comprobar que el mar me recuerda.

¿Se encuentra algún tipo de fauna marina en Southampton, focas, delfines…?

Algunas veces te encuentras focas, pero delfines y ballenas no hay. Tuve una vez una experiencia maravillosa con los delfines más pequeños del mundo, en Nueva Zelanda. Son una monada, te los llevarías a casa y los meterías en la ballena. Nadan muy rápido y es muy difícil seguirlos, pero unos cuantos me rodearon y el que estaba al frente se me acercó y me miró como diciéndome, «vamos, sígueme». Entendí entonces que me admitían como parte de su pandilla y nadé con ellos durante un buen rato, hasta que finalmente tuve que despedirme porque resultaba agotador seguir su ritmo. Cuando me despedí se me quedaron mirando como sin entender por qué me marchaba, ya que parecían estar divirtiéndose mucho y no comprendían por qué no seguía más tiempo nadando con ellos.

Por último, quería saber si conoces la película Remando al viento, del director español Gonzalo Suárez, y si la has visto. Aunque rodada en Asturias, fue grabada en idioma inglés, y protagonizada por Hugh Grant entre otros. Leyendo tu libro El alma del mar me ha venido esta película a la mente, ya que el mar está muy presente en ella. Sus protagonistas son algunos de los personajes que aparecen en tu libro, como Percy Shelley, Mary Shelley y Lord Byron, todos ellos con una gran relación con el mar, como cuentas en El alma del mar.

No, no la conozco… pero me parece muy interesante, así que la buscaré para poder verla. ¡Muchas gracias por tu recomendación!

Muchas gracias a ti, Philip, por dedicarnos tu tiempo y concedernos esta entrevista tan interesante, durante la cual nos hemos sentido muy a gusto. Te deseamos mucha suerte con lo que te queda de promoción de El alma del mar y esperamos verte de nuevo muy pronto por España. Y agradecemos a su editorial Ático de los Libros su amabilidad, ayuda y colaboración, sin las cuales esta entrevista no podría haberse realizado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Written by María Morales

Nací en Madrid, 1976. Cursé bachillerato con la opción de letras puras, estudiando  las asignaturas de griego, latín, literatura, historia y filosofía. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid,  he realizado diversos cursos relacionados con el Derecho Comunitario y la cooperación al desarrollo y poseo la titulación del Master en Acción Solidaria Internacional  de Europa, con las asignaturas de Acción Humanitaria, Cooperación al desarrollo y Extranjería, asilo y refugio. Mi nivel de inglés es alto y el de francés medio. He realizado cursos de idiomas en Montreal, Canadá, en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Verano de Montpellier, Francia. También realicé un curso sobre la historia y cultura de Ecuador en la Universidad Pontificia del Ecuador, en Quito. He colaborado con diversas ONG. Para CEAR, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, realicé informes de la situación de los derechos humanos en diversos países, y en la Comisión Hispano–Guatemalteca de Derechos Humanos elaboré un proyecto de ayuda al desarrollo. Mis aficiones incluyen la lectura, la escritura, el yoga y las actividades culturales en general, como acudir al teatro y a espectáculos musicales y visitar museos y exposiciones.  Entre mis intereses, se encuentran el medio ambiente, la problemática de género, el activismo social y político y todo lo relacionado con la defensa de los derechos humanos  y la protección de los menos favorecidos. Me considero ciudadana y paseante del mundo,  con gran sentido crítico, tolerante y de mente abierta.

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