Entrevista a Avelina Chinchilla

  • ¿Es la poesía el primer género que trabajaste? ¿Cómo trasladas tus temas literarios a cada uno de los géneros que manejas (poesía, relato y novela)?

Con rotundidad puedo decir que sí. Escribí mi primer poema alrededor de los 10 años, aunque me da pena no conservarlo ni siquiera como recuerdo. Durante la adolescencia y primera juventud escribía para mi desahogo personal solamente. No fue hasta varias décadas después, ya pasados los 40,  cuando volví a escribir y, de nuevo, y fue la poesía la que me abrió el camino.

Por lo que respecta a la segunda parte de la pregunta, creo que la manera de abordar los distintos géneros es totalmente diferente. Naturalmente, siempre trato de llevármelos a mi terreno. Pero está claro que cuando escribo relatos y novela me vuelvo muy narradora. A pesar de que pueda haber excepciones, en mis relatos, quizá no tanto en las novelas, todo pasa muy rápido. Aunque empatice con mis personajes, los hechos son lo que más destaca y también doy cada vez más importancia a los diálogos. En cambio, cuando escribo poesía hay mucho más espacio para la reflexión y la introspección.

En cuanto a los temas propiamente dichos, a veces me han sido dados dentro de una propuesta (más en el caso de los relatos), aunque siempre he intentado aportar mi visión personal. De hecho hay algunos temas que se repiten en ellos como la muerte, la violencia hacia la mujer, los trenes como metáfora de la vida, el paso del tiempo, etc. En poesía me encanta hablar del amor, pero siempre desde una perspectiva no demasiado idealizada y huyendo de todo lo que suene, ni que sea remotamente, a cursi. A pesar de esta predilección por el tema amoroso también me gusta tratar temas sociales y de toda índole.

Horizontes
Avelina Chinchilla, autora de 10 horizontes para de una tierra de versos
  • ¿Cuándo nace 10 horizontes para una tierra de versos?

Mi anterior libro de poesía, aunque salió publicado en 2016, llevaba escrito desde 2003. De modo que durante todo ese tiempo tenía acumulada una nutrida colección de poemas de diversa procedencia. Algunos ya los había publicado en mi propio blog o en redes sociales, otros fueron creados ex profeso o rescatados para alguna de las antologías en las que he participado. Pero me apetecía recopilarlos en un nuevo libro de poemas. Así es como ha nacido 10 horizontes para una tierra de versos.

 

  • ¿Es el paso del tiempo y el recuerdo en la madurez el tema velado del poemario? ¿Qué esconde el título? Háblanos de él, su estructura y temas.

Probablemente sí. Cuando se llega a cierta edad, y yo estoy ya frisando los 60, se piensa en muchas cosas que en las que no piensas a los 20. Cuando la vida va muy deprisa: los estudios, los amigos, la diversión, los novios, etc. Por otra parte se vive con intensidad, por lo menos a mí me pasaba, casi como si el mundo se fuera a acabar de un día para otro. Además, a esa edad normalmente no has dejado aún nada relevante en la cuneta. Cuando te vas haciendo mayor todo se ralentiza y en cierto modo también se relativiza y desde luego empiezas a dejar gente importante en el camino. Y esas pérdidas duelen.

Déjame que primero hable de la estructura del poemario y luego comento el título. A la hora de presentar el manuscrito a la editorial me di cuenta de que los poemas trataban temáticas muy variadas, difíciles de compaginar entre sí. Entonces se me ocurrió la idea de dividirlo por temas: Amor, maternidad, crisis de los refugiados… así hasta 9 apartados más dos epílogos, pero no se me ocurría ningún título lo suficientemente descriptivo para dar una idea al lector de lo que se podría encontrar. Quería que incluyera el número 9, pero nada de lo que me venía a la cabeza me gustaba, hasta que pensé en la palabra horizonte como metáfora de los temas. Al final, los epílogos los incluí como dos apartados más y los horizontes pasaron de 9 a 11, pero entre medias unifiqué dos de ellos y el número de horizontes definitivo se quedó en 10. La  palabra “tierra” vino casi de la mano de la palabra “horizonte” y me pareció un guiño simpático también con Tierra Editorial, aunque creo que se hubiera llamado así en cualquier caso. El añadir “de versos” surgió  porque quería que en el título se hiciera referencia expresa a la poesía. Y esa es la historia del título.

 

  • Tu literatura presenta dos vertientes: la intimista y la comprometida con el mundo. ¿Cómo conjugas ambas sin ceñirte estrictamente a ninguna de ellas?

Es algo inherente a mi personalidad, me encanta meterme en jardines y me sale de manera espontánea. Quiero decir que no necesito plantearme “ahora voy a escribir un poema sobre los refugiados” pongo por caso. Sino que simplemente surge, porque la poeta que llevo dentro no está compartimentada. Cuando hay un tema que me llega a lo más hondo, siento la necesidad de escribir sobre él. En Paisajes propios y extraños hay muchos poemas dedicados a la guerra de Irak y dos dedicados los atentados terroristas, uno al 11S (el que abre el libro) y al 11M (el que lo cierra) junto con muchos otros de carácter intimista. La única diferencia es que entonces decidí alternar las dos temáticas principales a lo largo del libro.

 

  • ¿Puede la literatura mantener a las personas con los ojos abiertos ante un mundo que, como vemos en tu poemario, se convierte poco a poco en un estercolero? ¿Es posible algo así en España? ¿Leemos o no leemos? ¿Pensamos lo que leemos? Irónicamente, ¿leemos para no pensar?

Esta pregunta tiene mucha miga. Por un lado la lectura debe ser un placer, si no, nadie o casi nadie leería. Por otra parte el hecho que los escritores abramos los ojos al mundo con nuestras obras no es una obligación en sí mismo, pero si es verdad que en la medida que describimos con mayor o menor acierto el mundo en el que vivimos, también plasmamos nuestra visión, que puede ser más o menos crítica con él. Luego ya está la receptividad del lector ante nuestras inquietudes. Habrá lectores que se sientan conmovidos ante determinados hechos y quieran actuar para mejorar la realidad, habrá quien a pesar de estar de acuerdo no pensará demasiado en el tema y habrá quien ni si quiera será consciente de ello.

Siempre se dice que en España se lee poco (me gustaría que mejoraran las estadísticas) y estoy segura de que no siempre se piensa en lo que se lee, pero espero (tendría que decir mejor, que deseo) que la gente piense cada más por su cuenta y no se deje embaucar por consignas lanzadas por colectivos no demasiado escrupulosos.

 

  • ¿Próximos proyectos literarios? ¿Qué genero te gustaría trabajar en tus próximas publicaciones?

Participo en varias antologías de relato y poesía que se encuentran actualmente en proceso de edición: El años que escribimos peligrosamente (Desafíos Literarios); Ulises y Penélope: relatos tejidos en la red (Playa de Ákaba y Espacio Ulises) y Que entre la luz (Ediciones Proust).

Como proyectos personales está a punto de salir: El inspector Tontinus y la nave alienígena (Desafíos Literarios), la primera entrega de la saga Universo Belenus. En esta novela dedicada al público infantil conjugo humor con  ciencia ficción. Ahora estoy pensando en el argumento de la próxima entrega. Además, estoy trabajando también otra novela para el público adulto, pero ahora mismo no puedo avanzar más. También me gustaría escribir la segunda parte de La luna en agosto. Por supuesto, continuaré con los relatos y la poesía que tanta satisfacción me proporcionan.

Reseña de 10 horizontes para una tierra de versos

El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.

Jorge Luis Borges

 

El tiempo, ciertamente, es un campo del que se han alimentado los literatos desde los inicios más remotos. Partiendo con Homero y viajando hasta nuestros días, volver la vista atrás siempre ha fascinado al creador. Narrar las andanzas de Ulises o cantar sobre la hibris de Aquiles no es sino un ejercicio mítico que reinventa el pasado perdido en ese río que arrebataba a Borges; es tratar de dar un origen o un significado a la titánica epopeya del ser humano sobre la tierra. Un significado, además, mutable. Los románticos, allá en el siglo XIX, reconvertían Oriente en una tierra exótica llena de fábulas misteriosas; y los lejanos y penosos siglos medievales cimentaban las estructuras ideológicas sobre las que se asentarían los sentimientos nacionales de las potencias destinadas a desatar el caos en el agorero siglo XX. ¿Y ahora? ¿Qué ocurre al mirar hacia atrás? ¿Encuentra la literatura en el pasado un vehículo más esperanzador que el presente especulador que nos amordaza con falso arte?

La respuesta no tendría cabida en esta humilde reseña e, irónicamente, la dará el propio tiempo. Y sin embargo, ¿no es necesario hacerse preguntas aunque las respuestas sean lejanas? La literatura debe crear, siempre, un picor en el hipotálamo, y eso es lo que suscita la primera lectura de 10 horizontes para una tierra de versos, el nuevo poemario de nuestra autora alicantina Avelina Chinchilla.

Hace tiempo escuché a Irvine Welsh hablar sobre literatura. Defendía que el oficio literario es capaz de narrar la historia en términos objetivos desde la mirada única de un ser humano particular. Así, a través de un bolígrafo anónimo llegamos a la verdad absoluta que nos afecta a todos. Asistiremos a este fenómeno en 10 horizontes para una tierra de versos. Si el paso del tiempo es la temática por excelencia del poemario, el difícil ejercicio de transmutar lo concreto en universal se convierte en el aceite que engrasa cada verso. El poemario se estructura en diez partes, cada una dedicada a una tierra, una motivación sobre la que esculpir esa cosmovisión lejana y cercana a partes iguales.

En el universo de Avelina, la maternidad son los dedos de una madre acariciando a su hijo, y también los dedos crueles de los hombres que arrancan el color verde del mundo, provocando el lamento y la decepción de Gaia. Observémoslo en dos de los poemas más nutridos del libro, Decir madre y Madre tierra:

 

            (…)

            Decir madre es decir infancia,

            noches de desvelos, nanas y arrullos

            al calor de su pecho.

            Decir madre es decir siempre,

            amor en estado puro.

 

            (…)

            Pero vosotros, mis hijos más ingratos, me explotáis,

            me abusáis, me esquilmáis, me contamináis…

            Ni me reconozco convertida en este estercolero.

            Soy una vieja prematura y mis pechos están yermos.

            Agonizo. Socorredme pronto.

            Yo, vuestra madre Tierra.

 

Grupo Tierra da voz a aquellos que luchan a favor de los derechos sociales y el verso de Avelina sabe criticar donde más duramente duele: el ecologismo (como hemos podido comprobar en el fragmento anterior) y el conflicto de los refugiados queda patente a lo largo del poemario.

 

            En el campo de refugiados

            un sol mortecino

            se desvanece tras el horizonte

            y la glacial belleza de la noche

            da a los apátridas su abrazo mortal.

 

La interdisciplinariedad también tiene su hueco en 10 horizontes para una tierra de versos, dedicando Avelina dos de sus focos al arte y la música, con sendos homenajes a ambas disciplinas a través de referencias de la talla de Chopin, Bethoveen u obras emblemáticas como El escriba sentado.

 

            Humilde escriba

            que soportabas

            sobre tus hombros

            el peso del Imperio,

 

            El definitiva, 10 horizontes para una tierra de versos es una obra en la que el tiempo se postula como el protagonista indiscutible, sin embargo, la nostalgia que emite el imaginario poético de Avelina puede entenderse como una bella y triste añoranza o como la experiencia del que se sabe con los pies en la tierra y en su presente. Una dualidad siempre enriquecedora al hablar de literatura.

 

 

Entrevista a Ellen Benítez

  • Háblanos de tus inicios literarios, ¿qué fue lo que te levantó por primera vez y te puso a escribir?

 Escribo desde que aprendí a escribir. Tengo todavía guardados cuentos que escribí en primaria, con la calidad y la huella de una niña de primaria, pero a los que les tengo mucho cariño. Tenía un viejo libro de literatura de cuando mi madre iba al colegio, y recuerdo que me fascinaban poemas como El niño que ahogó a la luna de Zorrilla,  A Margarita de Rubén Darío, o La Canción del Pirata de Espronceda. Eran historias contadas de forma poética que me inspiraban muchísimo. A partir de ahí empecé a escribir mis propios poemas, que hasta la adolescencia todavía rimaban y eran métricamente correctos. Supongo que una se deforma con el tiempo.

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Ellen Benítez, autora de Vértigo.

 

  • Vértigo es un poemario con una estructura que recuerda a las de una ópera rock en la que se narra una historia dividida en partes diferenciadas: ascensión, vértigo y caída. ¿Qué encontramos en cada una de ellas?

 Sí, es realmente lo que sucede cuando uno sube a mucha altura.

La ascensión es como el subidón de una droga. El climax la guitarra en una canción de rock. La emoción en la tripa, el éxtasis cuando estás volando muy alto y  te sientes un pájaro extremadamente libre y feliz, aun sabiendo que la libertad no existe.

El vértigo es cuando recuerdas de verdad que la libertad no existe y que todo lo que sube baja. Y que no eres un pájaro, y que estás muy alto, y que cuanto más alto vueles más fuerte será la caída. Vértigo es aquello que escribía mi querida Irene de:

“he estado tanto tiempo triste

que ahora la felicidad me parece una taza de café ardiendo

que no voy a saber llevar hasta una mesa

sin arrojarla y quemarme las manos”.

La caída es cuando todas las hipótesis se confirman y te maldices por haber olvidado que la ciencia no es una cuestión de fe y que tendrías que haber recordado las leyes de la gravedad antes de subir tan alto. Y los huesos rotos. Y la omisión de socorro del resto. Pero, sobre todo, de la caída hay que quedarse con ese gesto de unos pocos de recoger tus trozos sin importarles si cortan o no.

 

  • El Existencialismo como movimiento imperante en el poemario y una atmósfera estética próxima a Poe y los poetas malditos, con constantes referencias  a la muerte, lo sobrenatural y el terror psicológico.

 Realmente creo que Vértigo es un libro oscuro, principalmente porque está escrito en una época que abarca los que han sido unos de los meses más oscuros de mi vida. Precisamente por descubrir el horror todo de golpe y ser incapaz de procesarlo. A veces la mente, tras algunas experiencias, puede convertirse un lugar sobrenatural, una casa encantada, un cuento de terror.

No puedo negar la influencia de Poe en todo lo que escribo, ya que pasé la adolescencia leyéndole y releyéndole. Los poetas malditos son un fenómeno que siempre me ha atraído; de hecho, durante la carrera, fundé con cinco compañeras y queridísimas amigas de la carrera el grupo de poesía Malditos Poetas, en Teruel, el cual seguimos manteniendo en la distancia con nuestra página de Facebook Malditos Poetas, donde publicamos a todo aquel que quiera participar enviándonos sus textos.

El enfoque existencialista a veces es inevitable cuando escribes. La escritura poética es algo puramente subjetivo. Pero todo lo que escribo, pese al aura existencialista y, quizá, siniestra, tienen su raíz en el conductismo radical, que siempre me ha aportado una sensación más pura que ninguna corriente filosófica u otra rama científica.

Es un escalofrío. Es la ciencia haciendo posible y explicable la magia.

 

  • Varios poemas son precedidos por versos literarios o musicales. Encontramos grupos de punk, heavy o rock clásicos como Iron Maiden, The Runaways o Scoprions; referencias al indie con Hope Sandoval and the Warm Inventions e incluso citas de Alicia en el país de las maravillas; pero también a poetas actuales como es el caso de Irene X. ¿Te encuadras dentro de La nueva poesía o prosa poética que trabaja Irene X como género a desarrollar?

 Mis influencias desde el Rock y el Metal se las debo a mi padre y a mis amigos de toda la vida, que han ido enseñándome y compartiendo conmigo los mejores grupos que he escuchado jamás. Alicia es Alicia y sólo puedo decir eso. Me fui con ella donde todos estaban locos y empecé a sentirme sana.

Lo cierto es que Irene X para mí es considerada una amiga a la que quiero y respeto muchísimo, además de admirarla, primero como persona y después como escritora. Nunca sabemos muy bien dónde o cómo definir el encuadre de la nueva poesía en la que suelen incluirla a ella y a otros autores, pero siempre me he identificado mucho con Irene, y para mí es un honor poder citarla en mi libro. Junto con ella y otros autores, formamos el colectivo Tyrannos, donde cabe la poesía sin analizar demasiado el encuuadre. También nosotros estamos en Facebook.

 

  • Vértigo es un poemario que contienen ilustraciones de tu propia mano. ¿Qué nos posibilita, a tu parecer, la Interdisciplinariedad artística al pensamiento humanista?

 Creo que el hecho de poder expresar una idea o concepto, tanto desde las palabras como desde la imagen, puede aportar mucha más empatía con la obra; que el lector se forme una impresión mucho más rica.  A veces pensamos con palabras, frases, y otras veces nuestra mente funciona generando imágenes. Ambas cosas son procesos conscientes y conforman el pensamiento y la percepción humana, de modo que considero que la interdisciplinariedad artística posibilita un conocimiento mucho más profundo e íntimo de la persona que nos está hablando o contando una historia, una emoción, una parte de su identidad.

 

  • ¿Qué peso tienen las redes sociales a los aspirantes literarios?

Actualmente me atrevería a decir que las redes lo son casi todo. Desde las redes puedes llegar a cualquier persona y, si se dan las circunstancias adecuadas, a veces incluso sin que el autor lo busque, una obra puede hacerse viral y llegar a todas partes.

Muchos escritores no tienen otro recurso con el que mostrar su trabajo al mundo. Internet te posibilita todo aquello que te dificultan las carencias económicas, sobre todo a personas jóvenes que no tenemos demasiado recursos para permitirnos pasar del plano de tener un sueño como publicar un libro al plano real de llevar a cabo la edición del mismo. Realmente es una herramienta importante y muy valiosa, pero que debe usarse con cautela y siempre desde el respeto. No vale decir cualquier cosa por el hecho de que te cubre una pantalla. Detrás de la pantalla que recibe esos mensajes hay una persona, con su mochila cargada, como el resto.

 

  • ¿Qué ofrece la poesía a la sociedad española actual?

 Creo que la poesía puede ofrecérselo todo a la sociedad ahora mismo. Al igual que la música, tiene el poder de generar cambios sociales y ser un reflejo de lo que sucede en nuestro país, aunque debo admitir que, con el tiempo, cada vez es un tema al que le doy menos importancia en lo que escribo. La realidad es que hay escritores buenísimos que no encuentran la forma de llegar a tanta gente como quisieran, que encuentran trabas para sacar adelante su obra y que no cuentan con el apoyo de la sociedad española, ni en cuanto a inversión en cultura por parte del Estado, ni en cuanto al interés de los ciudadanos por la poesía o la literatura en general. La poesía puede ofrecer otros universos, un refugio donde descubrir que no estabas tan solo como creías, que alguien empatiza con tu sufrimiento o con tu alegría y le pone palabas, un método para conocer gente verdaderamente extraordinaria, y un lugar donde expresar lo que estás pensando o sintiendo, algo que tiene un poder milagroso sobre el bienestar mental. Así es el arte.

Vértigo, de Ellen Benítez

Irónicamente, Jean Paul Sartre postuló la terminología de su propia visión inclasificable en la siguiente cita: Todos los existencialistas tienen en común la doctrina fundamental de que la existencia precede a la esencia. Así, un mundo que hasta el momento, cierto es, ya había sido descubierto y ahondado en el devenir de decenas de literatos e intelectuales dispares en forma, ahora ya podía presentarse ante todos con un título vendible. Sus preceptos se consolidarían gracias al terreno abonado por Nietzsche y Kirkegaard, y al trabajado por el propio Sartre,  Camus,  Heidegger, Unamuno o de Beauvoir. En todos ellos impera un nuevo concepto cuya herencia en la sociedad del siglo XXI, para bien y para mal, es inabarcable y faraónica. ¿Puedo pensarme a mí mismo tal y como quiera ¿El mundo me hace? ¿Soy mi entorno? ¿Mi ser viene envuelto? ¿Yo soy el envoltorio? ¿Han muerto los envoltorios tras la caída del Dios nieztcheano?

Esta es la quimera filosófica que proponemos en Grupo Tierra a través de Vértigo, el nuevo poemario de la autora turolense Ellen Benítez. Ella se postula como conductista de corazón, de Skinner, una afirmación que será visiblemente acertada a los ojos de los lectores, testigos mudos del insondable abismo que es la voz poética de Vértigo, un ente oscuro en constante aprendizaje cuyo universo se tambalea al son de decenas de estímulos, tantos como versos contiene la obra. Aun a sabiendas del brete que supone definir a la filosofía del aprendizaje, podemos afirmar que Vértigo sí nos plantea retos asociados a la evolución de la conducta humana. Tal vez el más singular es aquel que atañe puramente a la intrahistoria que Benítez nos lanza en sus versos conceptuales: hayamos la yuxtaposición entre una vida a medias y una muerte translúcida que aparece en todo momento, incitando a la voz protagonista, entristeciéndola a ratos, envalentonándola a veces; marcando la temática predominante del poemario, ese por qué de las acciones del ser:

Que a veces convertirte en una chincheta es la única forma
de poder estar tirado
sin que otros te pisen

(…)
Que de ser un hada creería en los niños

(…)

Que de ser pirata bebo ron sin condiciones 

 (…)

Que de ser sirena cantaría
hasta que el mundo te pareciera un buen lugar

Uno de los grandes atractivos de esta obra es la curiosa y complicada relación de significados entre significado y poesía. ¿Cómo clasificar aquello que escapa a formalismos? Algo así parece ocurrir actualmente con la nueva ola de jóvenes poetas que huyen de la normatividad literaria. No sabría definir lo que hago, escribo por necesidad y de la manera que quiero, pero poesía no hago; así se expresa Irene X, autora referencial de Ellen y recuperada en el encabezamiento de uno de sus poemas. Esta complicada tarea de definición también es sugerida en Stilnox, uno de los momentos clímax de Vértigo:

               Pero los héroes y las épicas hazañas nada tienen que ver con el mundo en el que me  encuentro. Es por eso que no escribo más allá del límite donde se encuentra la fantasía.  No hubo héroes que venciesen la fuerza de las pastillas. No han luchado a mi lado los guerreros sino las hechiceras. Las princesas. Las amazonas. Aquellas que al salir            corriendo ante una llamada de emergencia (teniendo siempre el móvil encendido) cargan con dos pechos sobre los que pesa la ineptitud de los hombres y tienen que soportar en ellos la paciencia tierna repartida entre ambos, teniendo dos tetas pero solo un corazón.
¿En qué género literario se clasifica eso?

Cabe mencionar que el aspecto conceptual al que hacemos referencia viene acompañado de una estética visiblemente personal, y que al margen de ello, evoca grandes referencias lejanas de la poesía de los malditos. Un ambiente en el que imaginamos las fábulas de Poe, Lovecraft, Baudelaire o Lautrémont, con esa muerte ladina que hace sombra y espolvorea lo tenebroso y sobrenatural en buena parte de los versos.

             Los sucesos acontecidos recientemente

            son fenómenos paranormales en el baño

            de un bar de mala vida y buena muerte.

            (…)

            La muerte es la desconexión,

            como cuando saltan los plomos

            y sencillamente

           se apaga la pantalla.

            (…)     

            Merezco el miedo
por invitar a los monstruos
a subir a la cama.

De la mano de ese estilo inquietante, encontramos la parte pictórica de Vértigo. Las ilustraciones que encontraremos en el poemario son un valor añadido, ya que las mismas son obra de Benítez, incluyendo la portada. La duda imperecedera se hace visible en forma de mujer con cabeza de conejo, en cuervos que sobrevuelan pensamientos dispares, en dar la espalda a una realidad voluble y distorsionada; todo ello en equilibrada consonancia con esa estética maldita que reseñábamos anteriormente.

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