Ámerica Latina, guía hacia otro periodismo

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Si lo hubiera sabido, habría hecho el equipaje. Me habría despedido de mis padres y de mi novia. Habría dejado más comida y agua al gato. El intenso calor de la tarde dejó paso a ligeros nubarrones. Pero no logró  este pequeño detalle atmosférico estropear lo que estaba por  llegar. Son cerca de las siete y media de la tarde, de la Plaza Nueva de Sevilla  partimos hacia América Latina.

Es el poder de la literatura. De la buena literatura. La Feria del libro fue el escenario para que fuera presentado al público Periodismo Narrativo en América LatinaEste trabajo, coordinado por Antonio López Hidalgo, supone una guía necesaria para todo aquel interesado en comprender  las corrientes estilísticas más actuales del ámbito periodístico.

En los tiempos en que los medios de comunicación están más cuestionados que nunca, Periodismo Narrativo en América Latinaes una carta de amor al oficio de periodista. Es una vacuna contra el pesimismo que nos hace reflexionar que Otro nuevo periodismo es posibleasí titula López Hidalgo el prólogo.

La presentación se realizó en forma de mesa redonda  moderada por Francisco Sierra, director del Departamento de Periodismo I de la Universidad de Sevilla.

Los ponentes fueron  María Ángulo, profesora de la Universidad Zaragoza, el editor del libro Pedro Crespo, Editorial Comunicación SocialAntonio López Hidalgo, director del Departamento de Periodismo II de la Universidad de Sevilla.

Hasta aquí los elementos que pudieron hacernos creer que estábamos ante un acto meramente académico. Afortunadamente, estábamos lejos de un aula. Era al aire libre. Sin grandes discursos vacíos. Oír y aprender. Se agradece la calidez de un ponente interesado en llegar a sus oyentes y no en vender libros.

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Da comienzo a tomar forma la respuesta a  la cuestión que nos reune : “¿Qué es periodismo narrativo?” comienza  así María Ángulo su explicación  sobre la dificultad de definir la nueva corriente que viene del continente americano.

Lo cierto es que en este campo hay bastante controversia,  ya que  ahora está funcionando este binomio de periodismo narrativo, pero al mismo tiempo viene funcionando la idea de periodismo literario. También está funcionando la idea de periodismo pausado” explica. “Ninguno de los términos convence a todo el mundo” afirma después.

Añade una aproximación para que el público entienda mejor el término protagonista de la velada. “Si hablamos de periodismo narrativo, estamos hablando de un tipo de relatos que se cuentan de alguna manera como si fueran cuentos” acto seguido lee algunos ejemplos a los espectadores del evento . “Tiene cabida en suplementos y revistas especializadas que es donde se desarrolla”.

María comparte que su gran interés por el periodismo narrativo provocó que sacara adelante Inmersiones. “Quería abordar las crónicas de viaje y la otra parcela que trabaja el periodismo narrativo y es el compromiso social”. 

Pedro Crespo, mezclando el nerviosismo e ilusión propias del que comienza una nueva aventura literaria,  fue contundente al comienzo de su intervención: “Como editor y lector, el tema del periodismo narrativo me parece apasionante“.

Como buena guía, destaca la rica bibliografía de Periodismo Narrativo en América Latina “dan ganas de leerte todos los autores que te mencionan” expone de manera contundente. Acto seguido, añade una bella definición:

Es la literatura de la realidad. Usando elementos de la ficción, nos expone la dura y cruenta realidad con una calidad magnífica”.

Hay mucha producción de este tipo de periodismo en América Latina, pero pocos estudios sobre esta práctica profesional”expone Francisco Sierra. Por ello, Periodismo narrativo en América Latina es un regalo.

Fotografía de la profesora Irene Tenorio

Finalizando el acto, llegó el turno de Antonio López . Como en sus clases de redacción periodística, mezcló  lo académico con su sentido del humor ágil y directo. Se mueve como pez en el agua al hablar de periodismo.

Explica con conocimiento de causa que “América Latina es el continente donde más periodismo narrativo se hace  y más periodismo de inmersión.  Aunque hay muy pocos investigadores y pocos profesores que se dediquen a tratar este tema a fondo. Por lo cual, no me fue fácil encontrar autores de distintos países, ya que la idea era que el volumen se pudiera ver desde distintos ángulosAl final, hay nueve autores de Estados Unidos, México, Colombia, Chile, Brasil. Creo que da una visión bastante global“.

El libro supone una respuesta. Una de las causas del vacío de estudios sobre este tema es la pérdida de tiempo a la hora de discutir sobre el lenguaje del periodista y no  sobre cómo trabaja. Cómo se documenta, cómo ha bajado al barro  y ha sacado  a la luz pública los hechos.

“El periodista prefiere vivir la vida antes de que se la cuenten” afirma Antonio López.

Afortunadamente, es un terreno en el que cada vez más entran más autores. Inevitablemente, toca hablar de la crisis que sufre el oficio. “Sobre todo, el periodismo impreso. tuvo que haber cambiado hace muchos años” sostiene.

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El periodismo narrativo me parece más creativo. Rompe con todos los estandartes conocidos. No tiene nada que ver con el periodismo tradicional. La diferencia está en el papel comprometido del periodista. Se compromete y cuenta  de manera muy diferente. Cuenta en primera persona, lo importante es cómo se utiliza esa primera persona”.

Así argumenta Antonio qué es lo que hace al periodismo narrativo un objeto necesario de estudio.  “El lector sabe que no le engaña”.

Continuando con la aportación de María Angulo, López Hidalgo señala el papel de la mujer en este género informativo: “En este periodismo hay muchas mujeres. Desde finales del siglo diecinueve hasta ahora: Lydia Cacho o Gabriela Wiener, Leila Guerriero “.

Sobre su evolución y nacimiento, no es un periodismo que salga de la nada.“Tiende un puente desde el siglo diecinueve hasta principios del veintiuno. Ese periodismo de finales del diecinueve y principios del veinte era un periodismo comprometido”.  Además del compromiso, radica la magia del periodismo narrativo en su mezcla de géneros. Cabe el cuento, la autobiografía y el ensayo, la crónica, el reportaje.

Finaliza el debate con el público, seguimos en Sevilla tras el viaje al lejano continente americano.  Los pasos nos llevan a una cerveza fría y a seguir hablando de literatura. De aquella que hace reflexionar y hacerte preguntas. La que hace despertarte en Andalucía y horas después desear amanecer en Brasil, Argentina, Chile.

Adiós a un acto de homenaje a todos los profesionales de la palabra escrita que arriesgaron todo por ofrecernos esa realidad a la que nadie da voz. Una clase magistral  sobre cómo una nueva forma de contar los hechos toma las páginas del arte periodístico. Hay sentimiento, empatía.  Hay calor humano. Periodismo Narrativo en América Latina  huye del frío de una nota de prensa.

El marcapáginas: Nadie es ilegal. Recuerdos a Iván Vergara

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Quiero desde Grupo Tierra Trivium recordar una gran conversación que tuve con Iván Vergara.  A pesar de lo que digan ciertos burócratas, nadie es ilegal en ningún sitio. Las personas no son piezas de un mueble que sobran. Más bien al contrario. Falta sentimiento y sobran sellos en documentos oficiales.

El arte cruza fronteras y no entiende de nacionalidades. Usa la estética como puente para derribar fronteras y acercar posturas apelando a la sensibilidad humana. La poesía es buen ejemplo de ello. Iván Vergara puede dar buena fe. Este artista procedente de México lleva más de doce años en la ciudad de Sevilla. Todos ellos acercando posturas entre América Latina y la capital hispalense mediante todo tipo de actividades, principalmente mediante la literatura.

“Yo soy hiperactivo, pero me cuesta mucho la narrativa. Para mí  un gran reto sería escribir una novela. El canal natural de comunicación es la poesía. Y eso lo intento conducir hacia los documentales y la parte musical” comenta ligeramente emocionado “ojalá algún día pueda hacer cine. Es un sueño”.

Pone sobre la mesa un punto de vista crítico sobre la vida cultural tan variada que existe actualmente en  la ciudad. “Sevilla tiene una sobreoferta cultural” afirma sin dudar. A continuación, expone:

Hoy en día puede haber tres o cuatro eventos de poesía en el centro, está genial, el público tienen donde elegir, pero el público no ha crecido. El reto está en generar público. Que las nuevas generaciones vengan con ganas de consumir cultura y que vean que pagar por la cultura está bien. El reto más grande es la educación cultural en las nuevas generaciones. Que vengan con ganas de consumir cultura. Sin eso, tendremos muchas actividades, pero espacios vacíos. Eso lleva a agotamiento y a crisis económica”

Mientras bebe té verde, expone su visión sobre la Sevilla de antes de la crisis. “Toda cultura es un reflejo de la economía. Dos mil seis, estamos dentro de la burbuja y eso se veía en la vida cultural de la ciudad. Los diferentes eventos eran muy grandes. Pero la poesía era un terreno desierto. Eso quizás fue lo que me animó a montar desde la independencia el Chilango Andaluz”.

Explica, muy seguro de sí mismo, que en la vida literaria en verso sevillana existe un antes y un después a partir de un fecha concreta: 24 de octubre de 2006. Es cuando nace el recital Chilango Andaluz.

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Este evento literario llegó a su décimo aniversario. En sus tres primeras ediciones, formaron parte más de ciento setenta poetas jóvenes y cerca de cien artistas de diferentes ramas artísticas. Siendo el año 2007 cuando por primera vez pudo celebrarse de manera  simultánea en México D.F y Sevilla. Gracias a transmisiones por web que mostraban al público sevillano como se había celebrado la noche anterior en Ciudad de México y viceversa.

El Chilango andaluz fue sin duda una de las semillas más notorias para cambiar la vida poética de esta ciudad. Lo que surgió a partir de ese 24 de octubre de 2006, pues inició una chispa que se vio continuada por el trabajo de colectivos como El Cangrejo Pistolero, La Madeja, La Fuga, David García o José María Gómez Valero” afirma Iván Vergará.

Ha llovido mucho desde año dos mil seis. Sin embargo, aún hay muchos obstáculos que vencer. Iván mediata unos instantes y expone que aunque a priori puede parecer una buena noticia, la gran cantidad de oferta cultural de la ciudad,  nace como consecuencia  de la crisis.

Argumenta “las razones por las que hay una actividad cultural tan frenética, tampoco son positivas. Vienen de la crisis económica. La gente se ha visto obligada a trabajar con las manos. Si no es por elección, es peor” a lo que añade “creo que aquí hubo mucha gente que no eligió. Por necesidad se dijeron tengo que montarme algo. Una sala pequeña, una asociación, una editorial, bla bla bla. Eso es muy bueno. Pero la manera en que se llegó no. El resultado para la ciudad es notable. Desde hace cinco seis años, Sevilla está en un momento cultural muy bueno”.

Fruto de sus inquietudes sobre cómo el ambiente afecta al proceso de creación, nace su proyecto de serie de micro documentales Contemporáneos. En su primera temporada,  ha explorado a creadores que dejaron su país de origen para vivir en otro donde la lengua es nueva.

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Su segunda nace a principios del 2016 con un formato similar. En esta ocasión se centra en gente corriente en su trabajo cotidiano. “Amas de casa, diseñadores, escritores, artistas, personas de múltiples y diversos oficios que nos comparten su visión sobre la ciudad, lo que les aporta y lo que esperan de ella” explica en su página web.

Sobre esta experiencia cuenta que “Surge de un viaje a EEUU  para llevar y mover la cultura de España, Andalucía y México. Grabé quince micro documentales de quince personas del país, sobre cómo un hispanoparlante se ve afectado por una cultura con lengua ajena, en este caso el inglés”. Sufrió un giro el proyecto en España importante y empezó a reunirse con otros creadores cómo él “que hablen sobre cómo les nutre la propia ciudad”.

Echa en falta en Sevilla una visión más global de las cosas. “Sevilla parece interesante por el total ,no por fragmentos. Los distintos colores sociales nutren de intensidad esta ciudad. y eso me parece interesante. Me gusta”.  Vuelve de nuevo su tono crítico para compartir la visión cerrada que aún cree que habita en la ciudad y el país, “la cultura sevillana sigue siendo muy cerrada, igual que España Es uno de los problemas mas graves de este país para desarrollarse al mundo”.

Hace una pausa y afirma “en una etapa de globalización, tenemos que ser conscientes de que tenemos problemas globales. No podemos pensar cómo hace un siglo de que somos una nación. Eso ya no pasa. Si queremos pensar que somos una nación, tendremos que pensar que nuestra nación es la lengua cómo decía Octavio Paz”.

Elevando el problema de lo local a lo nacional, Iván Vergara echa en falta que esos puentes que construye la cultura, tengan más apoyo institucional. España, debería trabajar aún más sus relaciones con América Látina.

España está trabajando muy poco en trazar  lazos fuerte con sus hermanos, que somos nosotros, el mundo hispano”. Se debe cambiar las formas en que vemos aquello que nos llega de fuera, nos haríamos un gran favor alejándonos de la mirilla de nosotros cómo centro de todo. Bajar de esa posición de supuesta superioridad. “Si nosotros sólo nos vemos los ombligos, lo que nos va a salir será una cultura enana”.

Parte de este error, muy acorde con la visión europea, cae en los diferentes órganos culturales. “El ICAS trabaja muy duro pero su problema es que están volviendo a esos proyectos socialistas. Lo que veo en sus ayudas y sus proyectos es que son muy bonitos, pero es el cortijo. Yo no entro. He estado en reuniones y no he tenido apoyos. Llegamos a diez ediciones del Chilango Andaluz. 600 poetas, dos naciones, nos dieron cero euros”.

Otro punto a cambiar, es que se debe hacer una mayor apuesta por aquello zonas de la ciudad alejadas del centro “hay que hacer políticas igualitarias de verdad, no solo por la cultura del  centro” para ello, tiene claro algunas medidas: abrir centros culturales en los barrios, dejar ese dinero en los barrios. Que su vida cultural quede enriquecida.

Pero sobre todo “apoyar a los gestores culturales. Somos muchos los gestores  independientes. Se les debe apoyar económicamente. Encargándoles servicios, que no todo pase por las bibliotecas y por los centro culturales cómo Santa Clara. Ellos mismos incluso no tienen recursos. Que putada. Si tuvieran, podrían hacer grandes cosas”

Sobre lo duro que ha tenido que luchar por sacar sus proyectos hacia delante con el dinero de su bolsillo, deja una reflexión en el aire: ¿Hay demasiados inconvenientes para lograr ayudas  para aquellos que proponen para la ciudad pero son de fuera?

“La respuesta  a la pregunta por qué no, no es buena. Ojalá esa sea una de las cosas que se quiten a nivel institucional”. Deja una sensación de frío, como el viento  temprano  que invade las calles sevillanas en los amaneceres de invierno. Como el corazón de los despachos donde la ayuda y el trato lo deciden la bandera de tu lugar de origen.

Sopla un viento en la literatura argentina (que parece no irse más…)

Artículo de María Paula García.

liliana-bodoc-680“A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas. Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojos con los que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una letra que creemos reconocer. El cielo se mueve más rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresará la calma”. Así comienza “Amigos por el viento”, un cuento de Liliana Bodoc que da nombre al libro que lo contiene. Liliana Bodoc es una escritora argentina –sí, aún no me acostumbro a decir era– y nos dejó, de un día para el otro, el pasado 6 de Febrero. Todo quedó desordenado y arrasado. Por lo inesperado, por lo indeseado pero, por sobre todo, porque es una enorme pérdida para el mundo de la literatura. Si bien se la conoce como un referente en la literatura infantil y juvenil, prefiero suprimir esos adjetivos que terminan marginando autores –como Bodoc- y obras que, por su calidad estética, debieran estar en el centro de la escena literaria. Su palabra poética diciendo lo que otros no se animan decir, o lo que nosotros no sabemos cómo decir, se nos presenta como un lugar de fortaleza: frente a la realidad que nos rodea, nos queda la poesía como sostén, nos queda la literatura para resistir.

Releo lo que escribo, veo la repetición del verbo decir y no encuentro sinónimo posible para reemplazarlo. Y es que en esa insistencia también está Liliana Bodoc. “Hablar es decidir. Si no hablamos, no decidimos y decide el pensamiento hegemónico”, dijo en una de sus conferencias. Por eso, su partida es también una inmensa pérdida en el plano de lo político. Convencida de que la palabra poética es política, de la misma forma en que el lenguaje también lo es, acompañó como madrina las acciones del Plan Nacional de Lectura que funcionó en Argentina del 2008 al 2015. En ese rol, visitó infinidad de escuelas y ofreció conferencias a maestros y alumnos, tendiendo puentes con la poesía y defendiendo la palabra como instrumento de poder. “No es posible planear lecturas sin planear una batalla contra todos los modos de la brutalidad. Me enorgullece ser parte de un plan que abre libros para cerrar heridas”, dijo en el año 2009. ¿Cómo, entonces, no vamos a estar impregnados de incredulidad y tristeza quienes, además de ser lectores, somos docentes? Se nos fue alguien que dijo y sostuvo implacablemente que “la educación no se imparte, se devuelve, la educación no es un acto de generosidad sino de justicia”. Uno encuentra en la escritura de Bodoc el compromiso político, el enojo frente a la injusticia y la rebeldía contra un sistema que reproduce la desigualdad. E, inevitablemente, sale de esa lectura con la convicción de que la palabra poética transforma e interpela al otro; y si no lo logra, al menos es refugio frente a lo adverso y lo absurdo de la realidad.

“La hermana muerte carga con una tarea que todos comprenden pero pocos perdonan. Sin ella, los hombres no mirarían al cielo en las noches claras. Tampoco cantarían. Sin ella no existirían el suspiro ni el deseo. Sin ella nadie en este mundo se ocuparía de ser feliz.”, escribió en Los días de la sombra. Los lectores de Bodoc no le perdonaremos a la muerte este arrebato tan antes de tiempo, pero sí miraremos al cielo y, cuando no nos quede nada más que llorar, haremos lo que ella habría hecho: abriremos un libro –uno suyo-, elegiremos los versos más poéticos, las palabras más nuestras, se las diremos al mundo y nos dejaremos abrazar.

Los invito a leer el cuento que comenzó esta nota; de nada sirve el poder de la palabra si ésta no se comparte con el otro.

Amigos por el viento

Liliana Bodoc

A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.

Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojos con los que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una letra que creemos reconocer. El cielo se mueve más rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresará la calma.

Así ocurrió el día que papá se fue de casa. La vida se nos transformó en viento casi sin dar aviso. Recuerdo la puerta que se cerró detrás de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mamá cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio.

–Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué te parece?

–Me parece bien –mentí.

Mamá dejó de pulir la bandeja, y me miró:

–No me lo estás diciendo muy convencida…

–Yo no tengo que estar convencida.

–¿Y eso qué significa? –preguntó la mujer que más preguntas me hizo a lo largo de mi vida.

Me vi obligada a levantar los ojos del libro:

–Significa que es tu cumpleaños, y no el mío –respondí.

La gata salió de su canasto, y fue a enredarse entre las piernas de mamá.

Que mamá tuviera novio era casi insoportable. Pero que ese novio tuviera un hijo era una verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba mi vida. Otra vez había viento en el horizonte.

–Se van a entender bien –dijo mamá–. Juanjo tiene tu edad.

La gata, único ser que entendía mi desolación, saltó sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena.

Habían pasado varios años desde aquel viento que se llevó a papá. En casa ya estaban reparados los daños. Los huecos de la biblioteca fueron ocupados con nuevos libros. Y hacía mucho que yo no encontraba gotas de llanto escondidas en los jarrones, disimuladas como estalactitas en el congelador. Disfrazadas de pedacitos de cristal. “Se me acaba de romper una copa”, inventaba mamá que, con tal de ocultarme su tristeza, era capaz de esas y otras asombrosas hechicerías.

Ya no había huellas de viento ni de llantos. Y justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y a pasear juntas en bicicleta, aparecía un tal Ricardo y todo volvía a peligrar.

Mamá sacó las cocadas del horno. Antes del viento, ella las hacía cada domingo. Después pareció tomarle rencor a la receta porque se molestaba con la sola mención del asunto. Ahora, el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que volviera a hacerlas. Algo que yo no pude conseguir.

–Me voy a arreglar un poco –dijo mamá mirándose las manos–. Lo único que falta es que lleguen y me encuentren hecha un desastre.

–¿Qué te vas a poner? –le pregunté en un supremo esfuerzo de amor.

–El vestido azul.

Mamá salió de la cocina, la gata regresó a su canasto. Y yo me quedé sola para imaginar lo que me esperaba.

Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar las cocadas. Y los pedacitos de merengue se quedarían pegados en los costados de su boca. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón cuando se lavara las manos. Iba a hablar de su perro con el único propósito de desmerecer a mi gata.

Pude verlo transitando por mi casa con los cordones de las zapatillas desatados, tratando de anticipar la manera de quedarse con mi dormitorio. Pero, más que ninguna otra cosa, me aterró la certeza de que sería uno de esos chicos que, en vez de hablar, hacen ruidos: frenadas de autos, golpes en el estómago, sirenas de bomberos, ametralladoras y explosiones.

–¡Mamá! –grité pegada a la puerta del baño.

–¿Qué pasa? –me respondió desde la ducha.

–¿Cómo se llaman esa palabras que parecen ruidos?

El agua caía apenas tibia, mamá intentaba comprender mi pregunta, la gata dormía y yo esperaba.

–¿Palabras que parecen ruidos?–repitió.

–Sí. –Y aclaré– Pum, Plaf, Ugg…

¡Ring!

–Por favor –dijo mamá–, están llamando.

No tuve más remedio que abrir la puerta.

–¡Hola! –dijeron las rosas que traía Ricardo.

–¡Hola! –dijo Ricardo asomado detrás de las rosas.

Yo miré a su hijo sin piedad. Como lo había imaginado, traía puesta un remera ridícula y un pantalón que le quedaba corto.

Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como si no se hubiese arreglado. Así le pasaba a ella. Y el azul le quedaba muy bien a sus cejas espesas.

–Podrían ir a escuchar música a tu habitación –sugirió la mujer que cumplía años, desesperada por la falta de aire. Y es que yo me lo había tragado todo para matar por asfixia a los invitados.

Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en la otra. Sin dudas, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto sería de su propiedad. Y que yo dormiría en el canasto, junto a la gata.

No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día triste para mí. No me pareció justo, y decidí que también él debía sufrir. Entonces, busqué una espina y la puse entre signos de preguntas:

–¿Cuánto hace que se murió tu mamá?

Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo.

–Cuatro años –contestó.

Pero mi rabia no se conformó con eso:

–¿Y cómo fue? –volví a preguntar.

Esta vez, entrecerró los ojos.

Yo esperaba oir cualquier respuesta, menos la que llegó desde su voz cortada.

–Fue…, fue como un viento –dijo.

Agaché la cabeza, y dejé salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento, ¿sería el mismo que pasó por mi vida?

–¿Es un viento que llega de repente y se mete en todos lados? –pregunté.

–Sí, es ese.

–¿Y también susurra…?

–Mi viento susurraba –dijo Juanjo–. Pero no entendí lo que decía.

–Yo tampoco entendí. –Los dos vientos se mezclaron en mi cabeza.

Pasó un silencio.

–Un viento tan fuerte que movió los edificios –dijo él–. Y eso que los edificios tienen raíces…

Pasó una respiración.

–A mí se me ensuciaron los ojos –dije.

Pasaron dos.

–A mí también.

–¿Tu papá cerró las ventanas? –pregunté.

–Sí.

–Mi mamá también.

–¿Por qué lo habrán hecho? –Juanjo parecía asustado.

–Debe haber sido para que algo quedara en su sitio.

A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.

–Si querés vamos a comer cocadas –le dije.

Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común. Y quizás ya era tiempo de abrir las ventanas.

Presentación Luces que parpadean

En este video todos aquellos que no han tenido la oportunidad de asistir a la primera presentación internacional del Grupo Tierra Editorial podrán ver al escritor JM Sánchez Moreno, junto a Albahaca Martín Gon y a Jimena Tierra, hablándonos de su novela realista Luces que parpadean en el seminario web realizado el 2 de septiembre de 2017.

Han asistido a él personas desde cafeterías, Puerto Rico, Cataluña, Madrid…

que la magia de internet, incida en la literatura.

«Tesla me parece un personaje heroico que tendría que tener una calle en casi todas las ciudades el mundo». JM Sánchez Moreno.